El juicio que condenó por genocida al represor Miguel Etchecolatz fue el marco en donde una hija de desaparecidos estrenó su título de abogada y querellante, a pedido de Jorge Julio López, el testigo clave del caso desaparecido hace más de tres meses.
Verónica Bogliano tiene 31 años y desde que cumplió dos no sabe nada de sus padres, cuando fueron secuestrados de su casa de Villa Elisa, en el partido de La Plata. Esa ciudad, donde vivió, estudió y luego se recibió de abogada, a principios de 2006, también fue el escenario donde el represor Etchecolatz fue juzgado por el delito de «genocidio». Fue mientras se desarrollaba el juicio, que comenzó en junio de 2006, que Bogliano prestó juramento como abogada y recibió la habilitación para ejercer la profesión.
«Tres semanas antes de terminar el juicio, juré como abogada», recuerda en diálogo con Télam la jóven que milita en la agrupación H.I.J.O.S. filial La Plata. Inmediatamente, y mediante un escrito especial, el testigo López designó a la flamante abogada como patrocinante en el juicio contra el ex mano derecha de Ramón Camps. Bogliano carga con una historia de vida similar a la de muchos jóvenes cuyos padres fueron asesinados por el terrorismo de Estado y su participación formando parte de la querella que acusó a Etchecolatz de genocida tuvo para ella un significado especial. «Se me mezclaban las dos cosas, tanto la parte profesional como la humana, pero lo primero que surge es mi condición de militante y luego la abogada», confesó luego de admitir que «tenemos que terminar con la impunidad cuanto antes, porque notenemos ganas de esperar a 2040 como dicen algunos».
(Télam)