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Domingo 31 de Diciembre de 2006  
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Opiniones
2007: las cartas sobre la mesa
Daniel V. Gonzalez anos serán los esfuerzos por legislar sobre campañas electorales. El espectáculo de la política es continuado: todos los...

Daniel V. Gonzalez

anos serán los esfuerzos por legislar sobre campañas electorales. El espectáculo de la política es continuado: todos los funcionarios están en campaña a tiempo completo, cualquiera sea la función que cumplen, cualquiera sea el cargo que ocupan.

Cuando inauguran una obra, cuando propician una ley, cuando formulan declaraciones a la prensa, cuando se enojan, cuando cuentan chistes que ellos presumen graciosos, cuando eligen su “look”, cuando concurren a tal o cual evento deportivo, en fin, cada uno de sus actos están pensados como parte de una campaña política permanente.

Ya varios meses antes del fin de año Córdoba es escenario de una batalla por la sucesión del gobernador provincial. De tanto en tanto, los funcionarios se dan cuenta de que vivir de campaña significa una cierta falta de pudor y dicen frases como éstas: “ahora es tiempo de gobernar, no de hacer campaña” o bien “falta mucho para las elecciones, dediquémonos a trabajar”, etcétera.

El propio presidente amonestó a los políticos de su partido con severas sentencias pero, en pocas semanas, propuso sus candidatos para los dos distritos más importantes del país.

No nos engañemos: la campaña electoral transcurre cada día. Por eso Córdoba cierra el año con su dirigencia política trabajando a pleno con los ojos puestos en los comicios del año que comienza.

El panorama político local está aún lejos de cerrarse, para hacerlo faltan algunas certezas que resultan clave a la hora de las definiciones finales. Una de ellas, la más decisiva quizá: la palabra presidencial, el dedo de la Casa de Gobierno marcando a los elegidos y, por omisión, señalando también a los réprobos.


Los que quieren seguir

Hace rato que De la Sota tiene en claro cuál es su candidato. Hace tiempo que se ha inclinado por Juan Schiaretti que, conviene aclararlo, es un peso pesado de la política cordobesa por mérito propio, no porque haya sido favorecido por el dedo del gobernador.

Para De la Sota, Schiaretti cuenta con una ventaja importante: la posibilidad de un único mandato en la Casa de las Tejas. Aunque dueño del poder casi total en el peronismo de Córdoba desde hace varios lustros, De la Sota no ignora lo frágiles que suelen ser las lealtades cuando el poder cambia de mano. Al respecto, no necesita tomar un curso con Eduardo Duhalde. Y Schiaretti tiene vuelo y ambiciones propias. Aún a sabiendas de las dificultades que conlleva el abandono del poder, continuarse -por así decirlo- a través de Schiaretti es quizá la menos traumática de las opciones que se le abren al gobernador.

Schiaretti sintoniza mejor que De la Sota con el perfil derechohumanista que el presidente de la Nación ha transformado en el rasgo distintivo de su gobierno. Como Kirchner, prefiere la figura de Eva a la de Perón, a la que le adjudica todo el potencial revolucionario del peronismo. También como Kirchner, Schiaretti sostuvo un apoyo sin mengua alguna hacia las políticas más decisivas de la década del noventa. Pero a diferencia del presidente, Schiaretti nunca ha negado, hasta ahora, la eficacia de la política económica de esos años, que tuvo en su amigo Domingo Cavallo a uno de sus arquitectos más destacados.

Hoy por hoy, ninguno de los dos tramos más importantes recorridos por Schiaretti han de ser del agrado presidencial. Los años con Menem, no porque a la sazón Kirchner fuera un severo crítico de su política sino porque hoy funda todo su discurso en el feroz ataque a ese periodo. El tiempo con De la Sota, porque el presidente intuye que si hay alguien que puede, en un futuro, generar un polo de atracción, dentro del PJ, con valores del peronismo más ortodoxo y conservador, ése es el gobernador de Córdoba.

Pero en esta sociedad, Kirchner tiene una acción dorada. Su dedo es el que decidirá cómo quedará el panorama político provincial con vistas a las elecciones presidenciales del 2007. ¿Qué decidirá el Presidente? ¿Puede deducirse a partir de la designación de Daniel Scioli y Daniel Filmus para los dos distritos electorales más importantes? Si quisiéramos hacer una transpolación fácil podríamos pensar que Kirchner prefiere no a políticos avezados y con trayectoria sino a candidatos sin fuerza propia, desteñidos, débiles, con exigua historia política sobre sus espaldas. La elección de Rafael Bielsa para la Capital también tuvo características parecidas. Y así le fue. ¿Se animará Kirchner a darle la espalda al PJ cordobés e inclinarse por Juez o por Campana; o por ambos?

Los que quieren volver

La situación del radicalismo es la más difícil de todas. Todavía no se ha repuesto del paso del poder total al llano, sin escalas. Y nada hace pensar que será en estos comicios cuando ocurrirá el milagro.

La pregunta es: ¿qué “vende” el radicalismo? La UCR fue durante 16 años el partido del orden. Fue la garantía del gobernabilidad en oposición a un peronismo tumultuoso, poco confiable, que cargaba sobre sus espaldas una cuota (de uno y del otro lado) de la sangre de la década del ’70. La perspectiva de un nuevo gobierno peronista en los 80 aterrorizó al grueso de la clase media que optó por Eduardo Angeloz y le otorgó, además, la modificación de la Constitución para permitirle un nuevo período y tampoco se resistió a la tramposa interpretación que le añadió un tercero y fatal mandato.

Pero ni aún la virtual liquidación de los bancos provinciales ni los desmanejos de las finanzas, que arrojaron del poder al gobernador con el mandato incumplido, impidieron que un nuevo gobierno radical se instalara. Pero tras la caída estrepitosa de un confiado Ramón Mestre, el radicalismo recibió varios golpes de los cuales no se ha repuesto ni muestra una estrategia para hacerlo: la pérdida de la Municipalidad a manos de Kammerath, la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y el surgimiento del Partido Nuevo, con Luis Juez a la cabeza.

La nueva configuración de la distribución de votos y simpatías políticas muestra al peronismo reemplazando a la UCR en el lugar que tuvo durante esos años. De la Sota logró corregir en la conciencia popular esa idea acerca de que el peronismo, debido a sus convulsiones internas, era inepto para gobernar esta provincia. Grandes franjas del interior agrícola ganadero, tradicional clientela política radical, ahora ha volcado su apoyo al peronismo, probablemente en retribución a la rebaja de impuestos y al discurso gubernamental en contra de las retenciones al sector agropecuario.

Por otra parte, amplias franjas de los sectores más populares de la sociedad cordobesa, otrora divididos entre la UCR y el peronismo, ahora expresan su preferencia con cierta masividad hacia Luis Juez. En ese panorama, la UCR de Córdoba deberá preguntarse cuál es su lugar en esta provincia.


Los que se quieren instalar

Con el 60% de votos al momento de acceder a la intendencia y con cifras favorables en las encuestas, el fenómeno Juez no puede ser tomado a la ligera en el panorama político provincial. Hoy por hoy, todo indica que la gobernación provincial se dirimirá entre él y Juan Schiaretti.

Adicto a un estilo político desenfadado (“yo soy licenciado en negros”, le gusta repetir en privado), ha concitado la atención de una ancha franja otrora representada por el peronismo, del cual él ha sido militante hasta su ruptura con el gobernador De la Sota. Carente de una gestión que pueda exhibir logros importantes sino más bien todo lo contrario, Juez sostiene sus votos sobre la base de un discurso político impostado: habla como un “outsider” pero es un militante político tradicional, habla como un recién llegado al escenario y rechaza los vicios de la “vieja política” pero él mismo ha recorrido todo el escalafón y muchas veces por caminos apartados de la pureza que hoy predica. Pero una lonja estimable de los sectores más pobres de la sociedad cordobesa encuentran allí un discurso con el que se sienten identificados. Juez sabe qué conviene decir para ganarse el afecto esperanzado de muchos cordobeses. El problema suele ser el abismo entre sus dichos y sus acciones: es crítico de Menem y Cavallo pero fue su empleado, critica el desempeño de Schiaretti como interventor en Santiago del Estero pero omite decir que él fue su estrecho colaborador. Y así hasta el infinito.

¿Podrá sostenerse en el tiempo y consolidar sus fuerzas un partido sostenido en un discurso demagógico e insustancial? ¿La pobre gestión municipal (que cierra el año con el broche de oro de la efectivización de 4.000 contratados) está preservada de un juicio severo de los cordobeses porque el intendente aún logra distraerlos con sus gestos de humor grueso?
Volvemos al principio: el año que cerramos ya ha sido de campaña electoral. El que comenzamos no será sino la continuación de una pelea por el poder que ya ha comenzado y que se terminará de resolver en las urnas n




De la Sota no ignora lo frágiles que pueden ser las lealtades cuando el poder cambia de manos. No necesita para eso tomar un curso con Eduardo Duhalde, de amplia experiencia en el espinoso tema.

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