Opiniones
Ambiente en Córdoba: de realismos e hipocresías
Dario Sbarato y Jose Emilio Ortega
Hemos transitado un largo y denso camino desde los utópicos comienzos de los 70,...
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Dario Sbarato y Jose Emilio Ortega
Hemos transitado un largo y denso camino desde los utópicos comienzos de los 70, tiempos de “Argentina Potencia”, “Perón Vuelve”, izquierdas en alza, derechas dispuestas a todo; épocas en las que las circunstancias exigían realismo, y el realismo reclamaba soñar lo imposible.
Drásticamente, en la misma década -hoy es controvertido si antes o después del 24 de marzo de 1976- nos hundimos en un sempiterno “sálvese quien -y cómo- pueda”; tiempos de dictadura, de persecuciones, épocas de reclusión del propio pensamiento, en las que las circunstancias exigían realismo, y el realismo reclamaba no soñar.
En los ochenta, después de desangrarnos en Malvinas, sucedió el reverdecer de las creencias, el renacimiento de las ingenuidades. Llegaron nuevos tiempos de democracia -esa con la que se enseña, se come, se educa-. Tiempos radicales, de puntos finales, de obediencias debidas, de “la casa está en orden”, de transitar “el camino seguro”, de “se puede” y de “lápiz rojo”. También de mandatos incumplidos, que ni siquiera se llamaron renuncias. Epocas de traición a los sentimientos ciudadanos, en las que las circunstancias exigían realismo, y el realismo reclamaba abandonar los sueños.
Y llegaron los 90, tiempo de “uno a uno”. Todos tuvimos teléfono y autoplan, muchos viajamos por el mundo, paseando nuestras miserias. Todos nos sumergimos en una fiesta que disfrutamos, y que nadie quiso ni quiere pagar. Epocas de corrupción desmedida, de farándula al poder, en las que las circunstancias exigían realismo, y realismo reclamaba hacer lo posible.
El siglo XXI abrió un abismo. Un puñado de presidentes destinados al olvido, o al mas triste de los recuerdos, tiempos en las que las circunstancias exigían realismo, y realismo reclamaba terminar con la pesadilla.
¿Y ahora que? Algunos nos sentimos inmersos en un confuso relativismo. Nada es comprobado, nada es medible, todo es interpretable, todo depende del ojo con el que se lo mire. ¿Pero detrás de esto qué?
Se dice que muchos de los que hoy toman decisiones, fueron dirigentes forjados en la brava matriz de los 70. Se habla de vientos renovados que recorren el Continente, llevando un mensaje casi de estudiantina. ¿Dónde estaban estos dirigentes hace treinta años? ¿Qué les reclamó el realismo? En la Argentina, ¿Cuán cerca de los arrojados al Río de la Plata, o los torturados en tantos centros de detención estuvieron? ¿Cuántos deciden reescribir su propia historia para similar un pasado de robusta militancia en la dictadura, cuando en realidad fueron unos simples perejiles, parte de la masa aterrada que trataba de resolver su vida como mejor podía? ¿Eso no tendrá nada que ver con sus ganas de aniquilar el pasado, al precio que fuere?
El maquillaje de idealismo que hoy muchos aceptan por conveniencia, en el que nadie realmente cree, no puede dormitar las conciencias. Sin duda muchos de nosotros podemos comprender a nuestros padres por haber tratado de sobrevivir a la dictadura militar; pero es cada vez más claro, que tendremos que dar explicaciones a nuestros hijos y nietos por haber tolerado la hipocresía actual, que no admite ejercicio de realismo alguno.
No somos opinólogos. Somos laburantes, vivimos de nuestro trabajo como profesionales y docentes. Estudiamos desde hace años al medio ambiente. En este tema, Córdoba brinda muchos ejemplos de la absurda e irritante simulación actual.
¿Es imposible que podamos comparar el número de baches por kilómetro de calle de hoy -más los accidentes y problemas que generan-, con los kilómetros de ciclovías construidas en la década pasada?
¿Es imposible reconocer diferencias entre políticas de Estado respetadas por varios gobiernos locales, que recuperaron las márgenes del río con la finalidad de transformarlo en un parque lineal, con la actual en la que aquel corredor verde se transformó en un basural de 50 km de largo y en cuyas márgenes se han vuelto a construir gran cantidad de viviendas precarias, con el riesgo que ello significa para las personas que las habitan?
¿Es comparable la creación de un Jardín Botánico o la forestación con 300.000 árboles con la tala de añosos ejemplares en barrios completos, por ejemplo Alta Córdoba y General Paz, donde además se están demoliendo innumerables casonas antiguas y con ello el sueño de continuar el desarrollo y la conservación patrimonial de esos tradicionales “San Telmo” cordobeses?
¿Iguala o se aproxima al menos la farsa de una reciente colación de grados en la “Universidad” Libre del Ambiente, que no es institución universitaria, y que por ende no puede otorgar título o grado alguno, a la creación y puesta en funcionamiento del Observatorio Ambiental de Córdoba o la aprobación y aplicación de la legislación ambiental más actualizada de la Argentina?
Resulta increíble que los responsables de la política ambiental municipal, tan comprometidos en la lucha estéril contra la instalación de una empresa en un lugar específico del río Uruguay, no se preocupen por los temas mencionados.
¿Será que en una gestión ambiental de calidad hoy -quizá en función del realismo-, es mejor apostar a la opinión pública de actrices de audiencia caliente, que a los estudios de investigadores reconocidos por su producción científica, por la calidad de sus trabajos, y la sinceridad de sus planteos, por lejanos que éstos fueren a la simpatía oficial?
En la Edad Medía, la indolencia y la desorganización demolió el sistema de sanidad pública logrado en el imperio romano: los acueductos, los baños públicos, el retiro de los residuos, entre otros. Y este verdadero pecado, se pagó con las más feroces plagas de la que se tiene conocimiento. Siglos enteros se perdieron para reconstruir un mínimo sustentable, hoy nuevamente amenazado por la insensibilidad, la soberbia y ese absurdo ejercicio de un pseudo realismo hipócrita.
Esperemos que en esta ciudad, que pudo y hoy no puede recolectar su basura, que pudo y hoy no puede con sus aguas servidas en la vía pública, que pudo y hoy no puede con la limpieza de los terrenos baldíos, en síntesis y puesto en lenguaje del siglo XIX que no puede con sus “miasmas”, no tenga que pagar tan caro por su desidia, porque ahí, cuando se trata de enfermedades y de degradación ambiental, se termina el relativismo.
Directores del Centro de Investigación y Formación en Salud Ambiental - Escuela de Salud Pública - Facultad de Ciencias Médicas - Universidad Nacional de Córdoba.
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“Esperemos que esta ciudad que no puede con sus miasmas, no tenga que pagar tan caro por su desidia, porque ahí, cuando se trata de enfermedades y de degradación ambiental, se termina el relativismo”.
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