Desde hacía varios años el conde no pasaba por nuestra ciudad. Pero bastaron dos escenas para que la platea femenina volviera a caer rendida a sus pies.
Esta vez en un marco muchísimo más amplio que las demás veces, cuando se presentó en el Teatro Comedia, el musical de Cibrián-Mahler volvió a conmover al público cordobés, haciendo que éste lo despida con una ovación de pie.
La cita era especial, ya que se invitaba al festejo por los quince años del estreno en Buenos Aires, y todos los detalles se cuidaron a la perfección. El elenco fue mayor al de otras oportunidades, por lo que el despliegue de escenografía y vestuario se pudo disfrutar mejor que en otras ocasiones.
Las melodías esporádicas que se escuchaban cuando se estaba entrando a la sala hacía pensar que la gran mayoría era público reincidente. Las entonaciones de todos cuando el show terminó fue signo de que la historia conmovió a cada uno de los presentes.
Escuela como pocas de la comedia musical en Argentina, los espectáculos que una y otra vez presenta la dupla Cibrián-Mahler son garantía de buenas voces y actuación. Así, supieron destacarse una y otra vez en escena, personajes como los de Jonathan y Nani, siendo ellos Daniel Vercelli y Adriana Rolla, respectivamente. Aunque los laureles se los llevó, como siempre, el distinguido Juan Rodó (Drácula). Sin embargo, muchos aplausos también obtuvo Florencia Benítez (Lucy), a quien también se la había visto lucir en el papel de Esmeralda, cuando se presentó el año pasado “El jorobado de París” y en menor medida Luz Yacianci (Mina).
Historia más que conocida en la cultura popular, Drácula se presenta en nuestra mente como aquel monstruo temido que atenta contra nuestra vida, tratando de chupar nuestra sangre convirtiéndonos en vampiros. Relato que sirve para asustar hasta que se lo escucha a Rodó cantar con su conmovedora voz su tristeza de amor.
Porque más allá de los cuadros en conjunto, al despliegue de vestuario y luces, la cuidada y variada escenografía, y las partes solistas, en nuestra memoria sobre todopemanace aquella historia de amor, pasión y olvido que queda inconclusa por la misma muerte.
No por nada los aplausos comenzaron a ser mayores en la segunda parte del show, cuando comenzó a desarrollarse la novela de amor entre Drácula y Mina.
Durante casi dos horas y media las melodías inundaron el espacio, creando a la perfección ambientes de soledad, angustia, locura y desesperación. Pero nada pudo más que el suspiro hablado de Juan Rodó cuando, sintiéndose morir, dijo que la inmortalidad no valía nada sin ella, momento de tensión que la platea supo valorar casi sin aliento. Voz que se hizo conocer allá por el año 1991, tiempo en que estrenaba la obra junto a Cecilia Milone en el papel de Mina, Juan Rodó supo encarnarse de tal manera en el personaje que es casi imposible pensar en Drácula sin él. Porque los otros actores cambiaron (no sólo el de Milone, sino también Paola Krum, por ejemplo), sin embargo en el caso de Rodó parece que el papel lo eligió a él. Y tal como lo comentó Pepe Cibrián a una entrevista concedida a este diario, después de quince años el elenco creció profesionalmente, sobre todo Rodó, quien supo consolidarse en el ambiente del teatro musical.
Pero no todo fueron los pasajes de solistas del conde. Porque también tiene que destacarse la calidad de cada una de las escenas en grupo, donde las coreografías fueron variadas y perfectamente coordinadas. Todos esos momentos le dieron movilidad al espectáculo, demostrando la destreza del elenco.
Días atrás Cibrián comentaba también que sería todo un desafío subir al escenario del Orfeo. Sin embargo, la prueba fue pasada con gloria, dejando a los espectadores con ganas de nuevas presentaciones. En esta u otra sala de la ciudad, quedó demostrado que los musicales de la dupla nacional saben adaptarse a las circunstancias con cada uno de sus shows.