Opiniones
Los problemas ambientales han sido borrados de la campaña electoral Promesas sobre el bidet
JOSE EMILIO ORTEGA.
RUBEN DARIO SBARATO.
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Estados Unidos, con su presidente a la cabeza, fijó para el próximo 28 de setiembre una reunión multilateral con las más grandes potencias de la Tierra, para tratar de manera excluyente y a agenda abierta las causas y efectos de la contaminación y el calentamiento global. Se espera algo más que en las solemnes y efectistas reuniones de Estocolmo, Río o -en especial- Johanesburgo.
Rusia ha fijado pretensiones sobre el Artico. Analistas y referentes internacionales debaten sobre las causas y las consecuencias de hacerlo ahora. Reservas de agua e hidrocarburos emergen como dos de las principales motivaciones, que en el marco de una estrategia que involucra a varios frentes, decidieron a esta potencia a sorprender al mundo asentando el batiscafo y el pabellón nacional en el mismísimo fondo del Polo Norte.
En julio, Al Gore, ex vicepresidente norteamericano y activista por la causa ambiental, y el empresario artístico Kevin Wall -quien ya había organizado hace un año junto a Bob Geldof el evento contra la pobreza denominado “Live 8”- lanzaron su propuesta “Live Earth”, un festival continuado que engarzó a todos los continentes -incluida la Antártida-, apoyados en la convocatoria de muchas de los más afamadas estrellas del rock y el pop internacional. El eje de Live Earth es bien definido por Wall: “Existe una tonelada de información sobre el calentamiento global, pero no encuentro mensajes o acciones concretas desde individuos, gobiernos o corporaciones. Pensé que debíamos crear este evento y volver a trabajar con todas las compañías y los artistas que nos acompañaron en el pasado”. Gore completa la idea: “Es un momento único para concentrar la atención del público y lanzar un S.O.S. sobre el clima; para luego seguir una campaña todos los años, tratando de convencer a más gente (… ) yo concuerdo que no vamos a solucionar el problema cambiando las lamparitas. Pero lograr cambios en la vida de la gente es muy positivo”.
Periodistas y comunicadores hablan -con o sin fundamentos- del increíble calentamiento global, origen probado de alteraciones y desastres naturales extraordinarios. Ya no debemos buscar el extremo en la ficción que décadas atrás se dejaba ver en filmes como Mad Max. La imprevisión y el desamparo dejan marcas perceptibles en todo el mundo.
¿Y por casa, cómo andamos?
Paradójicamente, si bien Argentina queda en el planeta Tierra, las preocupaciones ambientales aquí siguen absolutamente divorciadas de la realidad.
Una vez más, investigaciones periodísticas -con escasa resonancia en Tribunales y otros organismos estatales con potestades de contralor-, ponen bajo la lupa los más elementales actos de gestión administrativa de las áreas encargadas de la prevención y el control ambiental, en todos los niveles jurisdiccionales. En paralelo, una vez más, los espasmos coyunturales impiden construir una agenda en serio.
Quizá por primera vez en la historia de la Humanidad, ciertas “cuestiones de Estado” son urgentes “cuestiones de planeta”. Pero ello no parece modificar, en nuestro país, el destino incierto de numerosos temas impostergables. Tampoco las cadencias de la campaña electoral.
Así, nos sorprendimos cuando ni los principales candidatos a gobernadores de esta provincia, ni los postulantes a intendentes de Córdoba ciudad, ni los moderadores de los promocionados debates que sostuvieron, ni los analistas de sus discursos, se detuvieron seriamente en la materia medioambiental.
Se habló con insistencia de un “debate histórico”. Ello es rotundamente cierto: tenemos un documento que permitirá corroborar las preocupaciones de nuestros dirigentes en 2007. Veremos qué hacen cuando dentro de diez años, todos quieran surfear sobre los datos y señales ecologistas que seguramente dominarán por necesidad al discurso político, que será sustentable o sencillamente -permiso, don José- no será nada.
Fue aflictivo esperar, tras las cuatro horas que suman los dos debates, algunos pronunciamientos concretos sobre temas de urgente abordaje: y enterarnos de que para nuestros candidatos, la dimensión ambiental no va mucho más allá de juntar la basura, evitar que los líquidos cloacales formen charcos nauseabundos o mejorar la limpieza de los baldíos. En otras palabras, para ellos política medioambiental es sinónimo de la “salubridad” que comenzó a procurar el Estado en el siglo XIX. Válido es afirmar que ello sigue siendo deuda en la Córdoba del siglo XXI, pero aún así, es de esperar mucho más.
Por caso, nadie habló de monitorear el aire atmosférico, cuando fue Córdoba la que fundó el primer observatorio ambiental de Sudamérica, formando recursos humanos que son referentes nacionales e internacionales, capaces -una década atrás- de emitir un pronóstico de contaminación atmosférica con 24 horas de anticipación gracias a la observación, al estudio y a la asociación con instituciones universitarias que aportaron en ese momento novedoso know how a la gestión estatal.
Tampoco se habló sobre los instrumentos necesarios para aprovechar este ciclo de crecimiento sentando bases sustentables profundas. Ni tan siquiera de un mínimo inventario de problemas ambientales urbanos o rurales. Para poner un solo ejemplo, no es preocupación visible de ningún candidato -o al menos sus consejeros no aconsejaron plantearla- la tala indiscriminada de los árboles que en la ciudad dieron vida a nuestras tradicionales barriadas, como Alta Córdoba o General Paz. O cómo equilibrar el saneamiento ambiental en una provincia con municipios muy importantes que aún esperan por una red cloacal.
El fracaso y bochorno de la actual conducción ambiental nacional muestra con claridad que denuncia ambiental no es sinónimo de gestión ambiental. También, avizorando lo que ocurre en los otros niveles de gobierno, que el listado de temas que nuestros organismos con competencia en la materia abarcan en su día a día, podrían manejarse -ironías del destino-, desde un monoambiente con dos o tres empleados administrativos. Quizá porque no saben, quizá porque no quieren, quizá porque no pueden.
¿Seguiremos sin trabajar en conjunto? El desarrollo sustentable necesita de todos los niveles jurisdiccionales, de todas las organizaciones con incidencia en el espacio público y de todas las fuerzas productivas. ¿Seguiremos enterándonos de los problemas cuando estos nos exploten en la cara? Es público y notorio que en esta provincia no usamos ese verbo por casualidad o tremendismo. ¿Seguiremos debatiendo sobre la Isla de los Patos y las algas que afectan el lago del Parque Sarmiento? Medio ambiente no se reduce (ni necesariamente se involucra) con las áreas gubernamentales encargadas de los parques y paseos.
Dice el maestro García, en la canción que parafraseamos en el título: “cada cual tiene un trip en el bocho / difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”. ¿Cuántos inviernos como éste deberán pasar para que sacudamos nuestras cabezas y trabajemos frente a la evidencia?
Por ahora las campañas han ido por otro lado. Pero no habrá caminos para mejorar la provisión de ciertos bienes públicos -como la justicia, la educación, la seguridad o la salud-, ni para asegurar ciclos largos de crecimiento económico con mejor calidad de vida, ni para garantizar la transparencia y la honestidad, ni para recuperar la vigencia de la autoridad y las instituciones, si no nos ocupamos de los cambios que ya trascendieron los acertijos: hoy existen certezas, razones, conocimientos irrefutables, que no podemos soslayar. Basta de promesas sobre el bidet.
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La planta cloacal de Bajo Grande elimina casi sin tratamiento los efluentes al río Suquía.
Por ahora las campañas electorales han ido por otro lado. Pero no habrá caminos para mejorar la provisión de ciertos bienes públicos - justicia, educación, seguridad, salud- ni para asegurar ciclos largos de crecimiento económico con mejor calidad de vida, ni para garantizar la transparencia y la honestidad, ni para recuperar la vigencia de la autoridad y las instituciones, si no nos ocupamos de los cambios que ya trascendieron los acertijos: hoy existen certezas, razones, conocimientos irrefutables, que no podemos soslayar.
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