Leo Maslíah volvió a presentarse junto a la Banda Sinfónica de la Provincia, esta vez con el Coro de Cámara del Conservatorio Provincial, para abordar un puñado de temas suyos, algunos arreglados especialmente para la ocasión. La convocatoria fue en el Libertador este fin de semana, y se notaron (el viernes) algunas bajas en la platea, que bien podrían atribuirse a la rara coincidencia, la misma noche, del espectáculo "Los Premios Mastropiero" en el voluminoso Orfeo: el cocktail de música, humor y absurdo se sirvió en Córdoba, este fin de semana, en bandeja doble.
Maslíah, ese personaje de desfachatada timidez que, además de escritor, proyecta su personalidad; volvió a presentarse junto a la Banda Sinfónica de la Provincia, esta vez con el Coro de Cámara del Conservatorio Provincial, para abordar un puñado de temas suyos. Así como impone respeto con sus cualidades de compositor, ejecutante y como arreglador de los fuegos de artificio de una banda sinfónica, a la vez apela a la sonsera cotidiana de las palabras para lanzar guiños inteligentes. El formato con los vientos realza aspectos armónicos que son propios de la composición de Maslíah, proyectándolos en la riqueza de los timbres. Los zafarranchos rítmicos -como en el clásico "La papafrita"- requieren músicos atentos y en alguna ocasión las voces del coro pisaron la línea, sin consecuencias graves. Y sobre todo el sonido, ese brillo que en algunas de las obras alcanzan una tonta pero grave intensidad que nos divierte. Con cuánta seriedad han sido elaborados esos compaces dirigidos a arrancarnos sonrisas.
Del acorde misterioso al pop barato
El concierto empezó con "Noche abierta", especie de adagio triste en el que el piano dialogó con la banda sin jamás superponerse, auténtico concierto para piano u orquesta con cantinela infantil. Lo siguiente fue "Todo con respaldo", con la orquesta y el coro a full y Leo en voz y piano, contando un día consumista de nuestras vidas, marca por marca. Los planos del decir y del sonar tejieron algo brasileño, entre Pixinguinha y Chico Buarque: esos juegos rítmicos que comparten ciertas letras con ciertas músicas, en el tema referido y en el siguiente: "Bases de diálogo". Este chamuya sobre las dificultades del dialogar, a todo ritmo. "Canon a cuatro", divertimento polifónico con el coro, se refirió a la insatisfacción de las voces en cascada que nunca se alcanzan una a otra, y Maslíah cantó con esa típica entonación de autoestima baja, y esas letras que parecen inventadas a medida que se cantan.
El caribeño e irregular "La papafrita" alcanzó su máxima expresión en esta versión ventosa y vocal, que surtió un pico de entusiasmo a la platea. Un hit. Un hito. En "Coral", Maslíah volvió a vestir de intensas resonancias románticas una sarta de disparates, acerca de una melodía para la que no prospera una letra, por lo que se opta por el "bla, bla, bla". Aclaró Leo que la idea le nació de oír el tema de Fito Páez y Joaquín Sabina: "Llueve sobre mojado". "Agua podrida", otro hit, al que presentó como "una postal turística", lució un arreglo que fue del acorde misterioso al pop barato de orquesta televisiva. Y tras la cromática y vanguardista "Primavera veraz verás", sucedió un segmento de Leo solo, en el que propinó algunas joyitas al piano y un par de fábulas. Con la Banda siguió un tema "más movido" que resultó ser una absurda clase de gimnasia orquestada: "Fuga aeróbica". "La recuperación del unicornio", clásica vuelta de tuerca al de Silvio Rodríguez, en nueva versión. Y "Leyenda", y "Diagnóstico de nuestro tiempo", y la muy pimpinelesca "Quiero verte morir de muerte natural", hasta el cierre con "Zanguango", en el que el canto monocorde de Leo hizo pedal a la evolución de la banda. Pero hubo fuertes reclamos de bis, y el final llegó con uno de los tema memorables, el homenaje a los poetas montevideanos "Biromes y servilletas". El público satisfecho, la música en su sitio, banda y coro bien en alto, y el humor a salvo. Maslíah es un fenómeno.