Opiniones
Economía interrumpible
Marcelo Bátiz (DyN).
|
La conformación del «Grupo Coordinador» entre la Argentina, Bolivia y Brasil para analizar cómo distribuir lo que no existe, hizo recordar de inmediato el viejo dicho del ex presidente Juan Domingo Perón, acerca de la constitución de comisiones cuando lo que se busca es no resolver un problema.
Se da por sentado que la frase es conocida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y seguramente ignorada por Evo Morales y Luiz Inácio Lula Da Silva, aunque los hechos parecieron indicar que fueron estos dos últimos los que se valieron de la ingeniosa salida del fundador de justicialismo, precisamente a expensas de su supuesta heredera.
Si de los tres países hay uno que necesita una urgente solución (es decir, cualquier cosa menos una comisión o «grupo coordinador») ése es precisamente la Argentina. Bolivia se asegura sus exportaciones y el abastecimiento interno, que no puede sino crecer si se tiene en cuenta que más del 90 por ciento de su población no tiene provisión de gas por red domiciliaria. Brasil, el suministro para su industria y, hábil para los negocios, se ofreció a venderle energía eléctrica a la Argentina, la tercera prioridad de un contrato de tres.
Meses atrás, cuando los primeros inconvenientes en la provisión del gas boliviano comenzaron a vislumbrarse, el ex subsecretario de Combustibles, Gustavo Calleja, puso en claro otra nueva falla de la Argentina a la hora de fijar su rol en la integración regional: sostuvo que el país había apostado el futuro de su abastecimiento de gas a un contrato interrumpible. Desde ya que el acuerdo no había sido definido como tal, pero así lo era en los hechos: la prioridad es el abastecimiento interno de Bolivia y la segunda el suministro a Brasil. A la Argentina le cupo ser la parte más delgada del hilo por donde se debía cortar en caso que la oferta no pudiera satisfacer a toda la demanda. Que es lo que, muy probablemente, suceda el próximo invierno. Entre las leyes de Murphy, la primera sentencia establece que si algo puede salir mal, saldrá mal...
La condición de «interrumpible» remite a los periódicos cuellos de botella de la economía argentina, no sólo con el gas. La falta de integración y la apuesta a la demanda sin observar la evolución de la oferta devino en una «economía interrumpible», en la que el crecimiento de un parte termina a la larga o a la corta condicionado por las insuficiencias de otra. Las consecuencias se presentan de diversas formas: inflación, desabastecimiento, déficit o endeudamiento.
El anuncio del «grupo coordinador» coincidió con el quincuagésimo aniversario de la elección que consagró presidente a Arturo Frondizi, uno de los pocos -si no el único- de los mandatarios argentinos que se dedicó de llenó a enmendar la falencia señalada. Sabía que los diferentes sectores de la industria, el agro y el comercio no podrían sostener su crecimiento sin los sectores básicos que les dan sustento.
Llevado a términos de la Argentina de hoy, no puede haber un crecimiento permanente de la actividad industrial sin una evolución acorde de la oferta energética genuina. Precisamente lo que no está ocurriendo. La producción petrolera acumula seis años de caída y hoy es un 24 por ciento inferior a la de 2001.
No existen antecedentes en el país de un derrumbe similar en cien años de actividad. Entre 1958 y 1962, la producción de petróleo se incrementó un 173,7 por ciento, a razón del 28,6 por ciento anual. Mantener el mismo porcentaje para los 45 años posteriores hubiera sido imposible por tratarse de un recurso no renovable, pero la performance lograda fue tan pobre que, de no modificarse de inmediato, hará regresar al país a su condición de importador neto: 139,1 por ciento entre 1962 y 2007, equivalentes al 1,9 por ciento anual, poco más que el crecimiento vegetativo.
Cuando la Presidenta intenta disimular la situación señalando que la oferta energética creció un 11 por ciento, se olvida de indicar que ese aumento se consiguió con mayores importaciones de combustibles: los dólares gastados en esas compras fueron en 2007 un 64 por ciento más que en 2006 y un 487 por ciento más que en 2002. No podía ser de otra manera si se observa la evolución de la generación: entre 2001 y 2005 la participación de la energía hidroeléctrica cayó del 44,4 al 35 por ciento del total y la nuclear del 8,5 al 7 por ciento. Sólo aumentó la térmica, del 47,1 al 58 por ciento, pero en el mismo lapso, como ya se apuntó, se redujo la extracción de hidrocarburos.
El agujero negro se llenó con importaciones, en un proceso iniciado hace más de cuatro años y que el ministro Julio De Vido calificó por entonces como «jamón del medio». Un fiambre demasiado costoso: 7.105 millones de dólares en los últimos cuatro años... y que costará cada vez más a juzgar por los anuncios oficiales de incrementar las importaciones de fuel oil. A esa situación se refieren los especialistas en temas energéticos cuando alertan que en 2009 la balanza comercial del sector pasará a ser deficitaria. Los publicistas oficiales no deben desesperarse: los precios de los granos permitirán disimular ese retroceso y se podrá seguir dando anuncios positivos. Pero una vez que se apaguen las luces de las cámaras de televisión, sería conveniente que la soja no impida a los gobernantes ver el bosque.
|
|
|
|
|
|
La condición de “interrumpible” remite a los periódicos cuellos de botella de la economía argentina, no sólo con el gas. La falta de integración y la apuesta a la demanda sin observar la evolución de la oferta devino en una “economía interrumpible”, en la que el crecimiento de un parte termina condicionado por las insuficiencias de otra.
|
|
|