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Miercoles 5 de Marzo de 2008  
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Policiales
caso nadia palacios
El asesino confesó que la mató por celos
Acorralado, tras una brillante explicación del investigador Diego Osorio, el acusado habló.

Nadia Palacios, de 20 años, apareció muerta en un descampado de la Ciudad Universitaria la madrugada del 25 de abril de 2006. Su cuerpo, entre el basural, estaba totalmente ensangrentado. Ayer Luis “el Pollo” Paschetta confesó que la mató por celos. La trasladaron hasta la morgue provincial y la autopsia fue contundente en señalar que fue asesinada con un punzón de los que se utilizan para cortar hielo.

La investigación quedó en manos del policía Diego Osorio, perteneciente a la División Homicidios. Ayer pasó por el tribunal con una explicación tan contundente que pocos minutos más tarde, el principal acusado admitió ante los jueces de la Cámara Sexta que había matado a Nadia de cuatro balazos en el barrio Bella Vista.


¿Qué pasó esa noche?

Martín Leguizamón -ex pareja y padre de la hija de Nadia- se encontraba comiendo un asado en la vivienda de la avenida Central adonde lo llamó telefónicamente Luis Paschetta -ex novio de Nadia- con la finalidad de mantener una conversación con la mujer. Nadia se negaba a hablar con Paschetta a quien consideraba un sujeto violento y mantenía una relación sentimental con Leguizamón.

Leguizamón dejó el asado, donde también se consumía cocaína, y se dirigió a la casa de los abuelos de la joven en el barrio Ejército Argentino donde se encontraba y la llevó hasta el barrio de Bella Vista para encontrarse con Paschetta. Allí todo fue rápido. La joven le dijo «con vos no voy a hablar» y el acusado disparó hacia el interior del auto donde estaba sentada impactándola en cuatro ocasiones. Paschetta se fugó en una moto junto a Pablo Suárez, que lo acompañó, y Leguizamón buscó un lugar donde arrojar el cadáver.


Autopsia falsa

La investigación policial, a cargo de Osorio, arrancó con un problema materializado en la autopsia. Según los forenses, Nadia había muerto atacada con un arma blanca.

Esa misma noche del crimen fue detenido Martín Leguizamón, que la había buscado en su casa y por lo tanto fue la última persona con que la familia la vio salir. Sin embargo el arma homicida no aparecía, mientras el ‘sabueso’ reconstruía el itinerario del crimen.

Paso a paso lo contó en los estrados del tribunal casi sin necesidad de preguntas. El punto clave de la investigación fue el momento en que se situó en la casa de la avenida Central en Bella Vista, donde la joven fue asesinada a mansalva y sin ninguna posibilidad de defenderse.

Osorio caminó la zona y llegó a una conclusión: a Nadia la mataron a tiros. Todos los testigos relataron al policía esa circunstancia. La autopsia tozudamente sostenía la muerte a puñaladas.

Hasta ese momento Leguizamón estaba imputado de homicidio y a partir de las revelaciones de la investigación las puñaladas eran balazos. Había otro autor y otra historia. Entonces, el fiscal Alejandro Moyano ordenó realizar nuevamente la autopsia y el resultado fue coincidente con la investigación. Nadia murió de cuatro disparos.

La Policía secuestró las vainas de una pistola Glok con la que se ultimó a la joven, además de encontrar una pistola 11.25 presuntamente para otras actividades delictivas.

En las dos audiencias quedó en claro que ni Leguizamón ni Pablo Suárez, quien acompañó en la moto a Paschetta, sabían de las intenciones homicidas. Leguizamón tuvo una conducta mucho más grave ya que escondió la verdad a los abuelos y la madre de Nadia, conociendo la verdad y no prestándole auxilio cuando quedó muerta en el asiento del acompañante de su auto. Suárez, en cambio, no tuvo nada que ver ni con el hecho ni con su preparación.

El próximo jueves se escucharán los alegatos y el veredicto final cuya sorpresa será la pena que impondrá la Cámara Sexta a los autores.




El abogado Walter Ferrero y su defendido, Luis Paschetta, jugaron la última carta.


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