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Sábado 5 de Julio de 2008  
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Policiales
tormenta tragica en calamuchita/ a seis meses
¿Quién se responsabiliza por la muerte de los dos niños scouts?
Una típica tormenta de verano y una mala ubicación del campamento fueron trágicas coincidencias en enero pasado. La familia de María Candelaria, la niña santafesina fallecida, denuncia que hubo negligencia de los dirigentes scouts.

Martín Pedoni
mpedoni@lmcordoba.com.ar

Un típico campamento scout. Un característico paraje serrano. Una típica tormenta de verano. Tres elementos que se combinaron trágicamente en la tarde del sábado 5 de enero pasado, pero que por algún error humano o cuestión accidental terminó con la vida de dos chicos de 10 y 12 años de edad.

¿Qué es lo que realmente pasó esa tarde? ¿Quién es el responsable de la muerte de estos niños?
Con las miradas puestas en las justicias de Córdoba y Santa Fe, Francisco Alquati y Erika Bär desde ese día, hace ya 6 meses, intentan encontrar una explicación clara y concisa de qué sucedió con su pequeña María Candelaria de 12 años.

La niña santafesina, con las expectativas por participar por primera vez en una experiencia de este tipo, había llegado ese mismo día a una casa de descanso perteneciente al Arzobispado de Santa Fe en el paraje Santa Mónica, en el valle de Calamuchita, como integrante del grupo scout 213 perteneciente la iglesia San Pablo de la ciudad de Santa Fe.
En primera instancia la versión oficial del hecho, surgida de la esfera de los dirigentes scouts y de la arquidiócesis, indicaba que se trató de un fenómeno meteorológico impredecible y de una intensidad pocas veces vista, que dejó poco margen para evitar la tragedia. Según la misma fue inevitable la muerte de los dos chicos.

Pero las dudas de Francisco y Erika fueron aumentando a partir del mismo momento en que llegaron al lugar de la tragedia. Al iniciar la búsqueda del paradero de su única hija, ver la falta de apoyo de los organizadores del campamento -que en más de una oportunidad le habían dicho, frente al temor normal de todo padre, que no había de qué preocuparse- y el paso del tiempo desde aquella trágica tarde de enero, no se quedaron de brazos cruzados e iniciaron una investigación paralela para demostrar que la muerta de su hija pudo ser evitada.

“Nuestro objetivo es aportar pruebas, elementos que permitan avanzar en la investigación sobre las responsabilidades de la muerte de nuestra hija”, indicó a LA MAÑANA Erika Bär, que aclaró que la familia no se constituyó en querellante civil en la causa que avanza en los tribunales de Río Tercero, ya que se les dificulta viajar o instalarse en nuestra provincia.

No obstante están esperanzados en que la Justicia cordobesa “determine qué tipo de responsabilidades les cabe a los dirigentes, qué negligencias hubo en las decisiones a la hora de instalar el campamento, qué pasó con María Candelaria”, indicó la mujer. “Queremos ponerle claridad a lo que pasó ese día”, agregó la madre de la pequeña fallecida.

Por su parte la doctora Silvia Martinet, patrocinante de los padres de la menor, indicó que en la denuncia penal realizada en los tribunales cordobeses “buscamos determinar si hubo responsabilidad penal, ya que consideramos que existió negligencia, imprudencia e impericia a la hora de organizar el campamento”. Entre los dirigentes que supuestamente incumplieron con sus tareas aparecen, entre otros, el jefe de grupo y la responsable de la patrulla Panda, a la que pertenecía María Candelaria, Pablo Forischi y Jorgelina Marín respectivamente.

Aunque la letrada es consciente de que si se comprueba alguna responsabilidad la pena máxima que le cabría a algunos de los dirigentes es excarcelable, recalcó que “al menos sería importante que la Justicia inhabilitara a estas personas para manejar grupos de niños o jóvenes ya que consideramos que no están capacitados para ello”. Incluso agregó que uno de ellos, al menos, tendría un antecedente con un accidente similar en el que habrían fallecido dos hermanos en la ciudad de Paraná.


A la buena de Dios

Para Erika, esa tarde “los niños quedaron a la buena de Dios a la hora de la tormenta”. Hace seis meses atrás, en la tarde del sábado 5 de enero, alrededor de las 6 de la tarde, una intensa tormenta de lluvia, viento y granizo se abatió sobre ese sector del valle de Calamuchita, afectando directamente al contingente que había levantado sus carpas en una zona de cañadas y quebradas a la orilla del arroyo El Quebracho.

Fueron veinte minutos de miedo y desconcierto. En ese momento los chicos estaban desparramados y el fuerte torrente de agua que bajaba de las sierras dificultaba el reagrupamiento del grupo.

María Candelaria formaba parte de la Patrulla Panda. Su carpa estaba ubicada al costado de una cañada de tres metros de profundidad en un sector atravesado por varias zanjas secas de 50 centímetros. Cuando comenzó la tormenta buscó refugio en la zona baja, creyendo que en ese lugar estaría protegida del viento y el granizo. El aluvión la sorprendió con otras cuatro nenas de su grupo. Al quedar aisladas del resto del campamento debieron cruzar por sus medios el curso de agua que crecía minuto a minuto. Todas lograron pasar al otro lado, menos Candelaria, que no pudo aferrarse a la rama que le acercaron para ayudarla. La corriente fue más fuerte y se la llevó.

En otro sector del campamento, una rama cayó sobre la carpa de los Lobatos (el grupo de los más pequeños) y aplastó a Juan Cruz, de 10 años, que perdió la vida prácticamente en el acto.

Toda esta tragedia según los familiares de las víctimas habría ocurrido en las afueras del predio que pertenece al Arzobispado en una zona de cañadones con condiciones inadecuadas para el campamento.


Un lugar para no acampar

De acuerdo a una investigación realizada por un perito, y aportada a la Justicia por parte la familia de Candelaria, se llegó “a determinar que el sitio elegido para la instalación y desarrollo del campamento presenta condiciones inadecuadas y potencialmente riesgosas para la seguridad del mismo, máxime si consideramos la edad promedio del grueso de los acampantes”. El mismo asegura que en el lugar se observaba “la proximidad de árboles de gran porte y altura… que se tornan peligrosos en caso de tormenta o viento fuerte”. También considera que “la disposición espacial del área de acampe mediante un accidente topográfico de consideración, como es una cañada de zona de montaña, sobre la base de la pendiente del terreno…. su proximidad a su confluencia con un curso de agua mayor y primordialmente por su comportamiento típico ante la caída de abundantes precipitaciones, que tienen como consecuencia crecidas violentas”, conllevan a la conclusión que las condiciones del sitio escogido para el montaje del campamento por parte de la dirigencia scout “fueron inconvenientes y poco propicias. Habla a las claras que los responsables del mismo no tuvieron en cuenta las circunstancias resultantes, denotando impericia y negligencia ante la falta del debido cuidado y prevención puestos de manifiesto”.


Qué dice la Justicia

Sobre el avance de la investigación, a pesar de los innumerables contactos telefónicos, este diario nunca pudo acceder a un diálogo directo con el fiscal de la causa, Marcelo José Remognino, por distintos compromisos laborales de éste. A pesar de ello, fuentes próximas al funcionario judicial indicaron a LA MAÑANA que no había mayores novedades ya que actualmente se avanza en la etapa instructiva y la recolección de pruebas y testimonios de los dirigentes scouts como de compañeros de la niña. Al respecto de este último punto, la Justicia aún no habría tomado indagatoria a nadie, más allá de la primer testimonial brindada a la Policía.

La defensa de la familia de Candelaria propondría, luego de la feria, a la fiscalía de Río Tercero que realice la convocatoria o envíe un exhorto a la Justicia santafesina para que en los tribunales de la provincia vecina se concrete el trámite.


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Causas paralelas

En Santa Fe, el reclamo -en el aspecto civil- se tramita a través del Juzgado de Responsabilidad Extracontractual, a raíz de una póliza contratada por los organizadores del campamento. Dado que el lugar donde se produjo la tragedia pertenece a la Iglesia Católica santafesina, también demandaron al Arzobispado por daños y perjuicios. Como correlato, las autoridades de la parroquia San Pablo denunciaron a Francisco Alquati por “amenazas y daños” en el Juzgado Correccional de la Segunda Nominación.


Presión y silencio

Desde el momento de la muerte de su hija comenzaron a sentir el peso de un silencio cerrado, el destrato, la falta de respeto y de compasión cristiana, todo lo cual fue agigantando sus dudas.

Aunque parezca increíble no les permitieron velar a María Candelaria junto a su compañero Juan Cruz y el resto de la comunidad scout. Los responsables de la parroquia San Pablo dijeron que la nena vivía en otra jurisdicción. Después de cuatro meses les devolvieron la mochila y demás pertenencias dejadas en el campamento.

La madre de Francisco Alquati recibió llamadas telefónicas intimidatorias. En las paredes cercanas a la vivienda familiar y el lugar de trabajo de Erika aparecieron pintadas con la leyenda: “La verdad ilumina”.

A pesar de innumerables pedidos, ni el arzobispo ni ningún representante de la iglesia recibió a los padres de la niña, o brindó detalles o apoyo por la tragedia. Por otra parte, el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, recibió a los padres en una audiencia y envió sendas notas a la Justicia de ambas provincias y la iglesia para pedir por el esclarecimiento del caso.



El lugar de la tragedia. Los árboles muestran el efecto del arroyo crecido.

El campamento quedó destruido después del fenómeno meteorológico.

María Candelaria tenía 12 años.


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