Sociedad
Ser el centro de atención, la fobia más frecuente entre los cordobeses
Se calcula que más de un millón de cordobeses la padecen, pero la mayoría no sabe que puede curarse. Es el síntoma más habitual de la “fobia social”, junto con el temor a sentirse juzgado. Motivados por la falta de diagnósticos acertados, un equipo de psiquiatras formó el Fobia Club, que ya cuenta con más de 500 cordobeses adheridos con diagnóstico de esa enfermedad.
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Miedo a levantar la mano en clase, a intervenir en una conversación entre amigos o la timidez extrema son tan sólo algunas de las manifestaciones que la fobia social adquiere en las personas que la padecen. En Córdoba se calcula que el 15 por ciento de la población la sufre aunque no son motivo de consulta ya que la gente considera que son características normales de una persona retraída, aseguró Carlos Morra, director de la Fundación Fobia Club Filial Córdoba.
La institución, que funciona en la provincia desde el año 1997, surgió como una reproducción del mismo sistema en Holanda.
“Nos dimos cuenta que había mucha demanda oculta, mucha gente que tenía síntomas de trastornos de ansiedad, que no sabía lo que le pasaba y no podía dar con un buen diagnóstico”, explicó el referente de la institución, quien además aseguró que en Córdoba “una persona pasaba en promedio por diez médicos durante más de tres años antes de ser diagnosticado como un paciente con trastornos de ansiedad”.
Así fue como once años más tarde y después de numerosas investigaciones, se logró determinar que el 30 por ciento de la población sufre alguna de las manifestaciones de esta enfermedad.
Morra dio cuenta que entre “los trastornos de este tipo, el más frecuente es la fobia social, que alcanza al 15 por ciento de los cordobeses”. Esta es concebida por los especialistas como la dificultad de hablar en público, de dar charlas, discursos o exámenes o de relacionarse con personas desconocidas”.
Esa turbación de la conducta, según la frecuencia con la que se presenta, es seguida de cerca por la fobia al dentista, luego por la aversión a las inyecciones o extracciones de sangre; le siguen luego el rechazo a los animales y a los insectos; el miedo a volar y en quinto lugar la fobia a la suciedad. Sin embargo, el profesional destacó que todos esos temores pueden ser curados ya que se trata de miedos surgidos durante el desarrollo de la infancia y que no lograron ser “racionalizados”.
Así es como explica que “los niños temen como una reacción de defensa, de protección ante las amenazas del entorno. Es el ejemplo de la criatura que se asusta con las tormentas, con la oscuridad o que cree que tiene un monstruo debajo de la cama. Si el chico no lo racionaliza y entiende que no hay un motivo cierto para temer, las incorpora a su habitualidad y crece evitando esas situaciones que le hacen mal en vez de solucionarlas”.
En este contexto es que se desarrolla la fobia social, manifestación por demás común en la población en general y en los cordobeses en particular, según afirma psiquiatra. “El chico crece aprendiendo a evitar los exámenes orales, evadiendo bailar en público, a hablar en las reuniones”, enumera Morra y se refiere a los síntomas más frecuentes. Y es que todas estas señales pueden indicar esta patología, pero no es fuente de consulta ya que son consideradas como conductas normales de personas muy tímidas.
Un lugar de contención
El Fobia Club funciona en la Córdoba desde hace once años y su tarea se desarrolla bajo la técnica cognitiva comportamental, que considera fundamental exponer a los pacientes a las situaciones que temen.
Así es como para las personas que sienten miedo a los lugares abiertos se organizan salidas en grupo a shoppings, supermercados o al centro de la ciudad. Y es en ese campo donde se les enseña cómo actuar para después poder recorrerlos solos.
Las modalidades son pode demás es por demás innovadoras a la hora de tratar aquellas fobias en las que no se puede enfrentar al paciente con el medio que considera hostil. Es el caso de quienes tienen miedo al mar o a volar.
“Para estos casos utilizamos un casco que reproduce realidades virtuales y así los enfrentamos con sus propios miedos”, explicó Morra. También se utilizan videos de simulación y aparatos que logran traducir en imágenes el miedo en la piel.
Morra destaca que la clave de esta terapia consiste en “enseñar a los pacientes un método sistemático para examinar la veracidad de sus pensamientos y estimar la posibilidad de que los eventos negativos ocurran realmente. Se los instruye a escribir sus pensamientos ansiógenos, para luego objetivarlos y descubrir las distorsiones cognitivas”. Asimismo se trabaja con un entrenamiento en técnicas de relajación, la cual permite reducir el grado de alerta y las contracturas musculares típicas de este trastorno”.
Para acceder a los grupos de ayuda, los interesados deben presentar un certificado médico extendido por un profesional de un hospital público o privado que acredite el tipo de fobia que padecen. “Así se los ubica en los distintos grupos según el trastorno que sufra”, agregó el referente local de la institución.
Cada grupo está integrado por pacientes ya recuperados que actúan como coordinadores, un psiquiatra y un psicólogo. Los resultados dan cuenta que el nivel de eficacia de este tipo de tratamiento se eleva al 97,4 por ciento. Mientras que los arrojados por un tratamiento farmacológico es del 64 por ciento y de la psicoterapia del 58 por ciento. La Fundación cuenta además con centros de información de voluntarios, generalmente pacientes recuperados, que brindan orientación y apoyo.
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Dentro de los trastornos de ansiedad, los más conocidos son:
• Ataque de pánico:
Crisis espontánea. Los síntomas más comunes son: taquicardia, opresión en el pecho, temblor, mareos, sudoración, sensación de desmayo, náuseas, trastornos intestinales, temor a enloquecer o perder el control.
• Agorafobia:
Marcado temor a alejarse del domicilio, o caminar solos por la calle, viajar en medios de transportes. Es siete veces más frecuentes en las mujeres, que en los hombres.
• Fobias específicas:
Temores irracionales, ante la presencia de cualquier objeto o situación temida como: animales (cucarachas, ratas, gatos, etc.) o parte de ellos (plumas, etc.), sustancias u objetos (sangre) o situaciones (tormentas, inundaciones, etc.) que provocan fuerte temor al exponerse a ellas y que el paciente trata a toda costa de evitar.
• Trastorno obsesivo compulsivo (TOC):
Se manifiesta, como ideas, impulsos e imágenes persistentes que el individuo considera intrusas. y que para evitarlas realiza rituales o conductas compulsivas. Por ejemplo cerrar una y otra vez la llave de gas, prender y apagar la perilla de la luz.
• Trastorno de ansiedad o fobia generalizada (TAG):
Preocupación constante y excesiva sobre una amplia gama de acontecimientos y situaciones. Produce inquietud, fatiga, falta de concentración, etc. El paciente imagina situaciones horribles mientras un familiar se retrasa o no contesta el teléfono.
• Trastorno de ansiedad o
fobia social (TAS):
Temor a ser evaluado ante un grupo de personas. Dificultad de hablar en público, dar charlas, discursos o exámenes, relacionarse con personas desconocidas.
• Trastorno por estrés pos-traumático (TEPT):
Es la aparición de una serie de síntomas que le siguen a la exposición de un acontecimiento estresante, traumático, real. Los síntomas pueden ser sueños recurrentes, imágenes intrusas, como un accidente automovilístico.
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Dificultad para hablar en público, dar charlas, discursos o exámenes son algunos de los indicadores frecuentes.
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