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Martes 11 de Noviembre de 2008  
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Opiniones
Las cinco disyuntivas de Giacomino
Si fuera el intendente me convertiría en el secretario de Turismo de la ciudad, porque allí hay una enorme oportunidad. Comenzaría una carrera contra el tiempo para que Córdoba se convierta, en un plazo de 10 años, en un polo turístico internacional.

Por Sebastián García Díaz (*)

En el armario de Giacomino hay cinco bombas encendidas. No importa si él sabía de su existencia al asumir. Lo importante es ¿qué hará con ellas?
La primera le estalló en los últimos días: la demorada resolución del contrato de la basura. La explosión arrojó toneladas de basura por las calles de la ciudad. Y la solución que debieron darle es tan precaria como la que piensan instrumentar más adelante (la estatización del servicio). Hasta el más desinformado se pregunta: ¿De dónde saldrá la plata para reponer la flota?
A la segunda bomba le queda muy poca mecha. Es la desbordada cantidad de empleados que dejó Luis Juez en planta permanente. Por ahora, lo que se resiente son las obras y los servicios, pues el presupuesto completo (al menos en su parte líquida) va a sueldos. Más allá de la aberración que esto supone, la explosión se producirá recién cuando la situación económica empeore -según todo indica- y la actual gestión ni siquiera pueda pagar los sueldos.

Hay tres actitudes posibles. La peor: no hacer nada, como ahora. Esperar que los empleados mal nombrados se vayan jubilando como única esperanza. Una actitud intermedia es asumir que la planta, no se puede reducir, pero al menos trabajar para que ese número exagerado de empleados presten un servicio real y valioso a la comunidad.

Pero la solución de fondo es poner en el centro del debate político las distorsiones en el concepto de estabilidad del empleado público, cuando su ingreso está viciado de nulidad (al no haber ingresado por el concurso que exige la Carta Orgánica) ¿No es un verdadero desquicio institucional aceptar pacíficamente que el intendente no pueda ordenar oficinas y disminuir empleados para brindar mejores servicios y asegurar recursos para obras? Cuando fui candidato, consulté a los mejores especialistas en derecho administrativo y laboral de Córdoba y me dijeron que sí es posible ganar ese debate, pero que “hay que tener mucho coraje”.

La tercera bomba es la emergencia ambiental de Córdoba. Bajo Grande ya inunda el río Suquía con materia fecal de todos los cordobeses. ¡Pero no hay problema porque es a la salida de la ciudad! El problema será cuando la desidia política logre que las cloacas rebalsen en todas las esquinas (como ya empezó a ocurrir) y que las napas se declaren “irrecuperables”. Es sólo cuestión de tiempo.

Aquí también hay tres actitudes. La primera es la de ahora: mucho papeleo y pocas obras, a la espera que la decisión de ser “soldado de la Presidenta” arroje frutos concretos. La segunda es salir a buscar fondos internacionales, lo que no será sencillo en la nueva coyuntura internacional. La tercera es la más realista: plantear una convocatoria seria y descarnada para que los bolsillos de los cordobeses se preparen a pagar específicamente esta obra más que prioritaria y poder contar con el 100% de cloacas conectadas y el 100 % de tratamientos de líquidos cloacales, en un plazo no mayor a 5 años. Los especialistas dicen que es posible, pero nuevamente: “es necesario estar dispuesto a ser muy impopular, para luego ser recordado por siempre”.

La cuarta bomba no hace ruido y es de explosión retardada. Podría ocurrir que Giacomino no asuma que la tiene tan cerca de su escritorio. Se trata de los primeros lugares que viene ocupando Córdoba en todos los rankings de delitos aberrantes como la trata de personas, la venta de droga y alcohol, las muertes por accidentes de tránsito, el robo y el hurto producido por delincuentes narcotizados y la violencia familiar. Hoy el 20% de los barrios de Córdoba ya están siendo apoderados por bandas de narcotraficantes que emplean gente marginada, fraccionan, procesan y venden, financian delincuentes y operan con temeraria impunidad.

Aquí también podemos tener un intendente que no haga nada, con la excusa de que “él no tiene nada que ver” (¡cómo si éstos flagelos respetaran competencias formales!). O uno que, al menos, se ponga al frente de la convocatoria de todos los organismos involucrados y las organizaciones de la sociedad para dar un golpe fuerte de timón a nivel preventivo, educativo y persecutorio.

La actitud de un verdadero estadista
-sin embargo- iría todavía más allá, organizando la Policía Municipal como una entidad de competencias múltiples, de recursos humanos altamente calificados y capaces de terminar con la impunidad absoluta que se vive en las calles de Córdoba. Al comienzo probablemente no tenga una eficacia del 100%. Pero estamos preparándonos para cuando esta tercera bomba explote, como ya lo hizo en la mayoría de las grandes ciudades de Latinoamérica. En proyectos estratégicos como éste vale la pena canalizar a esos miles de empleados que hoy sobran en áreas inútiles.

La última bomba es económica. Explotará cuando los “gringos” definitivamente dejen de movilizar nuestra economía con sus compras sojeras. Sin esa “morfina” de los últimos años, dolerá mucho ver los poquísimos proyectos económicos sustentables importantes alternativos que ha sabido alentar la Municipalidad con políticas públicas serias.

¿Qué actitud vale la pena? Si yo fuera el intendente me convertiría en el secretario de Turismo de la ciudad, porque allí hay una enorme oportunidad. Comenzaría una carrera contra el tiempo para que Córdoba se convierta, en un plazo de 10 años, en un polo turístico internacional, capital de toda la región. Dejaría alma y vida en convertir a esta dinámica “industria” en la principal actividad económica urbana. Porque son miles de puestos de trabajo directos e indirectos y es la vía rápida para recibir inversiones internacionales. El trabajo es arduo, pero vale la pena.

Sí ya sé: hoy el municipio ni siquiera es capaz de garantizar que los vendedores ambulantes no se apoderen de la peatonal, por lo que es altamente probable que las cinco bombas estallen sin remedio. Pero lo peor es resignarse frente a la ineptitud. Porque estas cuatro bombas, cuando exploten también golpearán con sus esquirlas a los vecinos que creyeron podrían salvarse solos. Muchos estamos dispuestos a ayudar a Giacomino, si él se deja ayudar.


(*) Presidente de Primero la Gente


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