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Economía
Reunion del Foro Económico Mundial de Davos
Hacia un cambio del discurso
El Foro ha funcionado como una suerte de concilio en el que los “obispos” del capitalismo global pontificaban sobre las virtudes del libre mercado. Es probable que este año la realidad les lleve a modificaciones de ese discurso.

ALFREDO FELIX BLANCO (*) - Especial para LA MAÑANA

Davos, la hermosa comuna suiza del Cantón de los Grisones, adquirió mucha notoriedad en las últimas décadas por ser sede de las reuniones anuales del “Foro Económico Mundial” (WEF, por sus siglas en inglés) cuyo lema es “Comprometidos a mejorar el estado del mundo”.

Este año la ocasión tiene un ingrediente especial que ha aumentado su interés: la crisis de la economía global. Crisis que, en reuniones anteriores del Foro, no solamente no se previó sino que se negaba como posibilidad.

Jefes de Estado, ministros de Economía, presidentes de bancos centrales, políticos y altos funcionarios, se unirán a “gurúes” de la economía, y a un conjunto de ejecutivos y dirigentes de las mayores empresas del mundo, para debatir qué le ha ocurrido al capitalismo. Los organizadores han informado que el número total de selectos participantes asciende a 2.500, un récord para esta actividad que tiene ya 38 años de historia. En realidad, el objetivo para el cual se ha convocado en esta oportunidad suena más ambicioso porque es: “Rediseñar el mundo poscrisis”.

Durante las exposiciones del año pasado los principales representantes de la elite financiera internacional se esmeraron en afirmar que los síntomas de crisis de la economía global no eran significativos y que se trataba de turbulencias pasajeras. Un ejercicio interesante es consultar los archivos de reuniones anteriores para advertir cómo las “verdades” de ayer hoy suenan casi patéticas.

Revisar las presentaciones y documentos del año 2008 en la página oficial del Foro (http://www.weforum.org/) permite constatar cómo se subestimaban los ya claros síntomas de la crisis. La mirada optimista sobre la evolución “natural” de la economía global contaminó los pronósticos de entonces.

La ex secretaria de Estado de Bush, Condoleezza Rice, dijo en su discurso que “nuestra economía seguirá siendo el motor que guíe el crecimiento mundial”, y Wang Jianzhou, presidente de la mayor compañía china de telecomunicaciones, no vaciló en declarar: “Yo soy optimista acerca del futuro. Yo no pienso que el impacto sobre China vaya a ser muy grande”. Los números que hoy ya se conocen sobre las consecuencias de la crisis, y su probable evolución, eximen de cualquier comentario sobre esas apreciaciones.

Algunas de las “estrellas” del mundo financiero que el año pasado predecían que los problemas se superarían rápidamente, no están este año en las reuniones. Richard Fuld (ex presidente del quebrado banco de inversiones Lehman Brothers), o John Thain (ex presidente de Merrill Lynch, cuyo derrumbe se evitó mediante su venta al Bank of America) están hoy lejos de Davos, aunque seguramente disfrutando de los generosos estímulos que obtuvieron merced al “sudor de la frente” de otros.

Aunque la creación del WEF (en 1971) tenía por objetivo diseñar estrategias para la industria europea frente a los desafíos del mercado internacional, en los noventa se transformó en un ámbito de difusión de las ideas neoliberales que dominaban la economía. Repudiado por los “antiglobalizadores”, el Foro ha funcionado como una suerte de concilio en que los “obispos” del capitalismo global pontificaban sobre las virtudes del libre mercado. Es probable que este año la realidad les lleve a modificaciones de ese discurso. Postularán, con “prolijidad conservadora”, una mayor intervención de los Estados para estabilizar la situación de los bancos y moderar los efectos de la crisis.

Sin embargo, y a pesar de la indudable importancia y poder de los participantes del Foro, buena parte del futuro económico mundial se está definiendo lejos del encantador paisaje de los Alpes. De este lado del Atlántico, en el 1.600 de la avenida Pensilvania de Washington, desde la Casa Blanca se está negociando con el Congreso la aprobación del Plan de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos, del presidente Obama.

El capitalismo cada vez más concentrado, con un creciente peso de las rentas financieras y con mayores diferencias sociales entró en una crisis profunda. La salida, una vez asumidas las inevitables pérdidas de riqueza y capital, puede llevar a mayor concentración económica y desigualdad. En estos planos se ubican los retos que deberán abordar los Estados y sus gobiernos en los próximos años.

Alfredo Félix Blanco Vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC.


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El objetivo de Davos este año será rediseñar el mundo poscrisis.


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