Economía
La muerte de la estadística oficial argentina
“Romper el termómetro de la inflación” no fue solamente una decisión equivocada, torpe y moralmente reprochable, sino que dio comienzo a una etapa en la cual el debate económico perdió la referencia imprescindible de una información que no sea cuestionable.
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ALFREDO FELIX BLANCO - Especial para LA MAÑANA
En diciembre de 2003 el Indice de Precios al Consumidor (IPC) era apenas un 3.7% superior al correspondiente al mismo mes del año 2002.
En cambio, cuando expiraba el año 2006 el panorama de la economía argentina en relación a la inflación era ya desalentador. En diciembre de ese año el IPC acumulaba un crecimiento de casi el 10% durante los últimos doce meses. La aceleración de la tasa de inflación se había transformado ya en un problema muy serio. En el año 2004 el IPC había crecido el 6.1% y en los doce meses de 2005 lo había hecho en un 12.3%.
El índice de precios mayoristas también revelaba un comportamiento preocupante. Considerando los datos a diciembre con relación a igual mes del año anterior, su crecimiento (que en 2003 había sido de sólo un 2.0%) llegaba casi al 11% en el 2005 y en 2006 superaba el 7%.
Probablemente una fatal combinación de impotencia ante el fenómeno inflacionario con una especulación sobre el “ahorro” que significaría tener menores variaciones del IPC (por la parte de la deuda pública que se ajusta por el CER) condujo al gobierno a “tocar” el Índice de Precios al Consumidor de enero de 2007. Su ejecutor fue el “duro” del Gabinete: el licenciado Guillermo Moreno.
Los primeros antecedentes históricos del IPC se remontan al año 1924 y desde entonces se llevaron a cabo muchas revisiones del índice (1933, 1943, 1960 y 1974, 1988, entre otras). Estas modificaciones muchas veces generaron discusiones, reclamos y críticas. Sin embargo, nunca ocurrió algo equivalente a la “morenización” del IPC realizada desde enero de 2007.
A partir de dicha decisión la confianza en las estadísticas oficiales entró en un proceso de deterioro que no se ha detenido aún. Casi como un símbolo de la intervención del gobierno sobre el Indec, esta semana se conoció la renuncia de la funcionaria que durante más de 15 años fue responsable del cálculo del IPC y que había sido trasladada en enero del 2007 a la biblioteca (¿?) del Ministerio de Economía.
Los cambios de metodología introducidos sin la imprescindible difusión y discusión pública, la creciente influencia del secretario de Comercio sobre el Indec y las denuncias acerca de manipulación de datos realizadas por el personal del organismo, han transformado a Argentina en un país en el que la información estadística oficial es considerada cada día menos relevante por quienes tienen que tomar decisiones.
La pérdida de credibilidad que comenzó con el IPC se ha ido trasladando a otros indicadores. Obviamente, no tener índices de precios creíbles lleva a dudar también de los datos sobre pobreza e indigencia y, más recientemente, las sospechas se han extendido a la información sobre el nivel de actividad y la evolución del Producto Bruto Interno.
“Romper el termómetro de la inflación” no fue solamente una decisión equivocada, torpe y moralmente reprochable, sino que dio comienzo a una etapa en la cual el debate económico perdió la referencia imprescindible de una información que no sea cuestionable.
¿Cómo piensa el gobierno diagnosticar los efectos de crisis global sobre Argentina? Y, más importante aún, ¿cómo evaluará los resultados de las medidas anticrisis que casi diariamente anuncia la señora Presidenta?
Sin números fiables, es una tarea peligrosa y casi imposible.
Sir William Petty, uno de los fundadores de la Economía Política, escribió hace más de trescientos años: “En lugar de emplear sólo palabras comparativas… he tomado el camino de expresarme en términos de Número, Peso y Medida... y de tomar en cuenta únicamente las causas que tengan argumentos visibles…” (Political Arithmetick, 1690).
Desde entonces, la economía como campo del conocimiento ha tenido avances y retrocesos, pero lo que no se discute es que para intentar explicar la realidad económica es imprescindible contar con información estadística veraz.
Que el gobierno reconozca su error y torpeza, que convoque a los mejores expertos universitarios en Estadística Económica, que rectifique todo lo que estos recomienden y que de esta forma le dé al Indec un “shock de confianza”, hoy puede parecer una demanda utópica. ¡Pero hay utopías que son imprescindibles!
De lo contrario, estaremos asistiendo a la muerte de la estadística oficial argentina.
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Guillermo Moreno, el responsable de los cambios en el Indec.
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