eguramente puede afirmarse que
la integración de China al mercado global
y la caída del régimen soviético
son los dos hechos más relevantes de la historia
económica del mundo de finales del siglo
pasado y comienzos del siglo XXI.
China, uno de los más antiguos imperios de
la historia de la civilización fue victima
de las ambiciones imperiales de las potencias occidentales
durante sus periodos de expansión colonial
en el siglo XIX. Los enfrentamientos y guerras con
esas potencias y con Japón significaron la
mutilación de parte de su vasto territorio:
Corea, Formosa, Annam (Vietnam), Hong Kong (recuperado
en 1997), entre otros, fueron en algún momento
de su historia parte de su territorio.
A comienzos del siglo XX, mas precisamente en 1911,
la lucha anticolonial desembocó en una revolución
nacionalista y pro-capitalista que, dirigida por
el Kuomintang, proclamó la república
al año siguiente. Gobernada dictatorialmente
durante muy pocos años, a partir de 1916
el país se sumió en una sucesión
de conflictos políticos y bélicos.
Al finalizar la guerra contra Japón (1937-1945)
se renovó la lucha entre el Kuomintang y
los comunistas hasta que el 1º de Octubre de
1949 Mao Tse-tung proclama en Pekín la Republica
Popular China.
La China Socialista:
Obviamente la llegada de los comunistas al poder
significó un cambio substancial en las
formas de la organización social y económica
de China. Influenciada por el régimen soviético,
con el que habría de romper sus relaciones
en 1956, desarrolló un sistema de economía
centralmente planificada.
La Comisión de Planificación,
órgano estatal, se encargaba de definir
las metas para los diversos sectores de la economía.
Las fábricas producían según
el plan estatal, el sector agropecuario lo hacía
según el plan estatal y los comercios vendían
los productos según el plan estatal. La
planificación central reemplazaba al mercado
para determinar qué producir, en qué
cantidades y a qué precios hacerlo.
Ni los sucesivos planes quinquenales, ni tampoco
el llamado Gran Salto Adelante que
Mao Tse Tung anunció en 1962, lograron
dinamizar en la medida necesaria aquella economía
primaria que se proponía transformar.
En 1976, tras la muerte de Mao, se inicia en China
un periodo de crisis, de inestabilidad política
y de debate sobre la diferencia entre la velocidad
de desarrollo de la economía china y la
del capitalismo mundial, El resultado de dicho
proceso fue la gradual apertura de la economía
china a los países capitalistas.
A partir de 1997, la recuperación de la
hasta entonces colonia británica Hong Kong,
significó una curiosa incorporación.
Un territorio de un gran desarrollo capitalista
se incorporó a un país que se declaraba
socialista. China reunió en un sólo
país a dos sistemas económicos diferentes
y contradictorios: el socialista y el capitalista.
El que condena la ganancia como la forma que asume
la explotación del hombre y aquel que la
enaltece como el incentivo capaz de generar las
condiciones para el progreso material de la sociedad.
Finalmente, y no sin cierto malabarismos discursivos
para explicarlo, China se abrió a las empresas
globales, ingresó en el 2001 a la Organización
Mundial del Comercio (OMC) y declaró que
la empresa privada es un componente importante
de la economía socialista y que se
estimularía al capital y a la tecnología
a participar en la distribución de la ganancia.
Ese proceso, con contrastes entre las formas socialistas
que aun subsisten y la llegada de las inversiones
del capitalismo internacional, produjo la liberación
de una inmensa capacidad de producción
que ha dado nacimiento a la economía de
la China actual.
El gigante despierta
El país mas poblado de la tierra (con
1.300 millones de habitantes reúne mas
de la quinta parte seres humanos del planeta),
es el tercero en superficie (9,6 millones de Km2)
y ya se ha convertido en la sexta economía
del mundo según su Producto Bruto Interno
(1,2 billones de dólares).
Desde 1979 la economía china viene creciendo
a una tasa acumulativa equivalente a casi el 9.5%
anual, pero su influencia en el sistema económico
mundial es mas importante si se considera que
su comercio exterior ha crecido mas rápidamente
aún. El grado de apertura de la economía
china (es decir la relación de sus exportaciones
mas sus importaciones con el PBI) es hoy casi
del 60 %.
Unos pocos datos más pueden dar una idea
precisa del dinamismo y la dimensión de
la economía china:
n La tasa de inversión es del 40% (en Argentina
no llega al 20%).
n El ahorro interno es del 44 %.
n Una cuarta parte del incremento del comercio
mundial del año pasado es chino.
n Sus reservas internacionales son en la actualidad
del orden de 440.000 millones de dólares.
n Un 25% del crecimiento del PBI mundial en el
periodo 1995-2002 se debe al crecimiento chino.
n A partir del 2003 es la cuarta economía
del mundo según el monto de sus exportaciones.
La relevancia cuantitativa que ha adquirido China
en la economía mundial es la razón
que llevó a que Alan Greenspan, el jefe
de la Reserva Federal norteamericana, en abril
de este año afirmara que si los chinos
tienen dificultades con su economía crearán
problemas significativos para las economías
del sudeste asiático, para Japón
e indirectamente para nosotros (los Estados
Unidos).
¿Es sustentable el crecimiento chino?
Son muy conocidas las advertencias sobre las
dificultades de sustentabilidad ambiental del
crecimiento de China. En general se considera
que el proceso guiado exclusivamente por la voracidad
capitalista de los empresas extranjeras
y la falta de políticas de preservación
del gobierno están generando un daño
ambiental irrecuperable en China.
Pero mas allá de esa observación,
que por supuesto no es menor, es conveniente preguntarse
también si la locomotora del
crecimiento económico mundial de los últimos
tiempos no tiene riesgos de afrontar dificultades
de aquellas a las que se refiere Alan Greenspan
en la cita que hemos referido mas arriba.
Existen algunos elementos que permiten predecir
que es probable que esas dificultades aparezcan.
Entre ellos merecen ser citados la fragilidad
del sistema bancario, la situación del
tipo de cambio y los precios del petróleo.
a) Fragilidad y riesgos en
el sistema bancario.
El rápido crecimiento del 2003 (9.1 %
del PBI, Tasa de Inversión del 47.2%) ha
llevado a las autoridades del gobierno Chino,
compartiendo la visión de los técnicos
del FMI, a hablar de recalentamiento de
la economía y de la necesidad de
aplicar medidas restrictivas. Un indicador de
esta situación serían los datos
publicados por la Administración Estatal
de Estadísticas que muestran que el índice
de los precios al consumidor en agosto subió
en un 5,3% en comparación con el mismo
período del año anterior. Se trata
del mayor incremento verificado desde 1997.
Por tal razón se dispusieron incrementos
en los encajes bancarios, restricciones
al crédito interno, reducción del
déficit primario, y otras medidas denominadas
políticas de control macroeconómico.
El objetivo de las mismas no es otro que el de
reducir el crecimiento de la inversión
para evitar el riesgo de una crisis por exceso
de oferta. Una situación de esa naturaleza
se traduciría en problemas para los bancos
porque la caída de empresas llevaría
a las entidades a tener dificultades para recuperar
los cuantiosos fondos que han colocado para financiar
el proceso de inversión. El sistema bancario
chino está fuertemente concentrado en torno
a cuatro entidades financieras estatales que concentran
casi dos terceras partes del sistema. Algunos
estudios sugieren que la proporción de
préstamos de dudosa recuperación
(non performing loans) es muy alta
y que el sistema se viene manteniendo como consecuencia
de las elevadas tasas de crecimiento del volumen
de depósitos.
El éxito del enfriamiento de
la economía aun no se ha visto, y el FMI
ha expresado que una preocupación
crucial a corto plazo es que, a pesar de los indicios
recientes de moderación en el rápido
ritmo de la inversión y del crecimiento
económico, no hay garantías todavía
de un aterrizaje suave
Somos precavidos sobre
el alcance exacto de la desaceleración
que se ha producido hasta ahora y sobre si podría
o no ser necesaria una restricción adicional
de política monetaria.
Vale la pena aclarar que medidas adicionales de
restricción monetaria, y un aumento de
las tasas de interés, frenarían
la inversión pero afectarían la
situación de endeudamiento de las empresas
e indirectamente también a los bancos.
La sensación de que las empresas estatales
tienen un alto endeudamiento y disimulan sus ineficiencias
por la existencia de tasas de interés negativas
ha sido muchas veces sugerida por economistas
que creen que un incremento de las tasas de interés
tendrá consecuencias muy negativas en China.
Debe señalarse también que el sistema
bancario chino aun no ha enfrentado la competencia
de los bancos extranjeros, pero lo hará
a partir de Diciembre del 2006 cuando deba cumplir
con los compromisos asumidos al ingresar en la
Organización mundial del Comercio de suprimir
todas las restricciones para que opere la banca
internacional con empresas y personas chinas.
b) Situación del tipo de cambio, precio
del petróleo y presiones de Estados Unidos.
La situación del tipo de cambio en China
ofrece también algunos problemas a corto
plazo. Los Estados Unidos y otros países
del G-7 le demandan a China que permita la flotación
de su moneda (el yuan o renminbi). Su reducida
banda de variación (de 8,276 a 8,280 yuanes
por dólar) ha permanecido inalterada durante
la última década. Las presiones
son para que China permita la revaluación
de su moneda para reducir de esta forma sus ventajas
competitivas respecto a sus competidores regionales
y del resto del mundo (obviamente Estados Unidos
en primer lugar). Aunque debe aclararse también
que las grandes multinacionales norteamericanas
que producen en China y reexportan a su propio
país y a terceros mercados, no tienen ningún
interés en la revaluación.
Finalmente otro factor que tiende a potenciar
la posibilidad de una crisis en China es el precio
internacional del petróleo. A medida que
el precio del petróleo se fue aproximando
a los 50 dólares, y cuando los pasó,
la pregunta que se formularon los analistas chinos
es hasta que punto la economía de su país
puede soportar este shock externo.
La preocupación sobre una inversión
excesiva, que aumenta la demanda de combustible,
asociada a un aumento del precio del crudo hace
crecer las preocupaciones sobre la aceleración
de la tasa de inflación y la posibilidad
de mayores dificultades en el futuro.
Sin embargo existen también factores que
pueden ayudar a morijerar las dificultades en
el futuro. En su resistencia a modificar el valor
del yuan, China no solo cuenta con el interés
compartido con las multinacionales radicadas en
su territorio. Mas importante aun es el hecho
de que el nivel de reservas internacionales acumuladas
le otorgan una fortaleza adicional a sus decisiones.
Ademas China ha adquirido un volumen muy importante
de bonos del tesoro de los Estados Unidos, recursos
con los cuales la administración Bush ha
financiado parte de su gigantesco déficit.
Una crisis en China tendría efectos más
graves que la que tuvieron la de sus vecinos Tailandia
o Indonesia a fines de los noventa. Afectaría
directamente a los Estados Unidos.
Pero quizás lo más importante de
la estructura económica actual de China
se relaciona a la posibilidad mantener costos
laborales reducidos. La expulsión de mano
de obra rural, que genera el cambio tecnológico,
ha permitido mantener salarios muy bajos y China
tiene aun el 60 % de su población en el
sector rural (¡es decir 800 millones de
personas!). El salario industrial medio chino
se ubica por debajo de los 180 dólares
por mes mientras que en Estados Unidos supera
los 2.500 dólares mensuales.
Aunque pueda violentar el sentimiento socialista
y sus simpatías por el proletariado, la
causa final del éxito económico
de la Republica Popular China ha sido el bajo
costo laboral. Dicho en los términos de
Marx, ello se debe a la existencia de una tasa
de plus-valía, o grado de explotación
de los trabajadores muy elevado. Es decir que
el trabajo no pagado ha permitido
un proceso de acumulación de capital acelerado.
De todos modos, lo cierto es que las proyecciones
ya han comenzado a estimar una desaceleración
del crecimiento de la economía china a
partir del próximo año. El Fondo
Monetario Internacional (FMI) recientemente ha
proyectado las tasas de crecimiento del PBI que
cree que se verificaran, y aunque China sigue
siendo la economía mas dinámica,
ya se aprecia una reducción de su ritmo
que caería al 7.5% anual en el 2005.
Parece razonable concluir entonces que en un futuro
no muy lejano la locomotora perderá
fuerza y con ella todo el tren de
la economía mundial tendrá menos
dinamismo. No es un buen augurio pero es muy probable
que esa sea la realidad en el futuro.
Una digresión final:
Por estos días hemos redescubierto
China a raíz de algunos trascendidos
oficiales sobre la posibilidad de inversiones
Chinas en Argentina. Vale la pena formular algunas
consideraciones sobre el tema.
n No debe afirmarse que China será en el
futuro importante para Argentina. La verdad es
que China ya es hoy muy importante para la economía
de nuestro país. Cualquiera que revise
las cifras de exportación de los principales
productos que exporta argentina lo va a advertir
(por ejemplo en el año 2003 el 66% de poroto
de soja y el 37% de aceite de soja que exportó
Argentina tuvo como destino a China). A partir
del año 2001 el saldo del intercambio comercial
es positivo para Argentina y en el 2003 llegó
a los 1.833 millones de dólares (datos
provisorios INDEC).
n Es de esperar que, como el balance comercial
con Argentina es negativo para China, existan
justificadas intenciones para que se aumenten
las compras argentinas para tender a una situación
bilateral mas equilibrada.
n Lecciones no menores pueden obtenerse del estudio
de la historia económica reciente de China.
La economía que más ha crecido en
el mundo lo ha hecho con una fuerte participación
estatal, desarrollando su sector manufacturero,
propiciando el avance tecnológico y contrariando
en muchas oportunidades las sugerencias del mundo
desarrollado y los organismos multilaterales.
nLa transición china hacia
el capitalismo no ha contado con tantos asesores
occidentales como el caso de la ex Unión
Soviética, pero hasta ahora sus resultados
parecen ser mejores que los que obtuvieron en
Rusia cuando siguieron los consejos de los expertos
de occidente.
Finalmente, no sería bueno que se difundiera
la idea que una asociación estratégica
con China (si es que esa posibilidad existiera)
permitiría resolver mágicamente
todos los problemas argentinos. Aunque sea una
decisión correcta la de tratar de profundizar
los vínculos con una economía como
la china, ya deberíamos haber aprendido
que los rumores oficiales no resolverán
nuestras dificultades. Pretender tal cosa sería
tan solo un cuento chino.
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