l ediciones anteriores l contactos l
Córdoba : 15 Nov. : 2004  
 
 
 
 
Portada
 
Secciones
Política
Economía
Ciudad
Opinión
Regionales
Internacionales
Sociedad
Policiales
Espectáculos
 
Suplementos
Podio
Debates
 
Links
 
 
 
CHINA, EL GIGANTE DEL ESTE
¿Se detendrá la locomotora de la economía global?
Alfredo Félix Blanco (*) - Especial para LA MAÑANA
La irrupción en las últimas décadas de la economía china en el mundo capitalista es uno de los cambios más notables de la estructura económica mundial. Contemporáneamente al proceso de globalización económica, la “economía socialista de mercado” de la República Popular China ha pasado a ser un elemento de crucial importancia del sistema económico mundial, y su evolución futura incidirá en forma muy significativa sobre el mismo.
eguramente puede afirmarse que la integración de China al mercado global y la caída del régimen soviético son los dos hechos más relevantes de la historia económica del mundo de finales del siglo pasado y comienzos del siglo XXI.
China, uno de los más antiguos imperios de la historia de la civilización fue victima de las ambiciones imperiales de las potencias occidentales durante sus periodos de expansión colonial en el siglo XIX. Los enfrentamientos y guerras con esas potencias y con Japón significaron la mutilación de parte de su vasto territorio: Corea, Formosa, Annam (Vietnam), Hong Kong (recuperado en 1997), entre otros, fueron en algún momento de su historia parte de su territorio.
A comienzos del siglo XX, mas precisamente en 1911, la lucha anticolonial desembocó en una revolución nacionalista y pro-capitalista que, dirigida por el Kuomintang, proclamó la república al año siguiente. Gobernada dictatorialmente durante muy pocos años, a partir de 1916 el país se sumió en una sucesión de conflictos políticos y bélicos.
Al finalizar la guerra contra Japón (1937-1945) se renovó la lucha entre el Kuomintang y los comunistas hasta que el 1º de Octubre de 1949 Mao Tse-tung proclama en Pekín la Republica Popular China.

La China Socialista:

Obviamente la llegada de los comunistas al poder significó un cambio substancial en las formas de la organización social y económica de China. Influenciada por el régimen soviético, con el que habría de romper sus relaciones en 1956, desarrolló un sistema de economía centralmente planificada.
La “Comisión de Planificación”, órgano estatal, se encargaba de definir las metas para los diversos sectores de la economía. Las fábricas producían según el plan estatal, el sector agropecuario lo hacía según el plan estatal y los comercios vendían los productos según el plan estatal. La planificación central reemplazaba al mercado para determinar qué producir, en qué cantidades y a qué precios hacerlo.
Ni los sucesivos planes quinquenales, ni tampoco el llamado “Gran Salto Adelante” que Mao Tse Tung anunció en 1962, lograron dinamizar en la medida necesaria aquella economía primaria que se proponía transformar.
En 1976, tras la muerte de Mao, se inicia en China un periodo de crisis, de inestabilidad política y de debate sobre la diferencia entre la velocidad de desarrollo de la economía china y la del capitalismo mundial, El resultado de dicho proceso fue la gradual apertura de la economía china a los países capitalistas.
A partir de 1997, la recuperación de la hasta entonces colonia británica Hong Kong, significó una curiosa incorporación. Un territorio de un gran desarrollo capitalista se incorporó a un país que se declaraba socialista. China reunió en un sólo país a dos sistemas económicos diferentes y contradictorios: el socialista y el capitalista. El que condena la ganancia como la forma que asume la explotación del hombre y aquel que la enaltece como el incentivo capaz de generar las condiciones para el progreso material de la sociedad.
Finalmente, y no sin cierto malabarismos discursivos para explicarlo, China se abrió a las empresas globales, ingresó en el 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y declaró que la empresa privada “es un componente importante de la economía socialista” y que se estimularía al capital y a la tecnología a participar en la distribución de la ganancia.
Ese proceso, con contrastes entre las formas socialistas que aun subsisten y la llegada de las inversiones del capitalismo internacional, produjo la liberación de una inmensa capacidad de producción que ha dado nacimiento a la economía de la China actual.


El gigante despierta

El país mas poblado de la tierra (con 1.300 millones de habitantes reúne mas de la quinta parte seres humanos del planeta), es el tercero en superficie (9,6 millones de Km2) y ya se ha convertido en la sexta economía del mundo según su Producto Bruto Interno (1,2 billones de dólares).
Desde 1979 la economía china viene creciendo a una tasa acumulativa equivalente a casi el 9.5% anual, pero su influencia en el sistema económico mundial es mas importante si se considera que su comercio exterior ha crecido mas rápidamente aún. El grado de apertura de la economía china (es decir la relación de sus exportaciones mas sus importaciones con el PBI) es hoy casi del 60 %.
Unos pocos datos más pueden dar una idea precisa del dinamismo y la dimensión de la economía china:
n La tasa de inversión es del 40% (en Argentina no llega al 20%).
n El ahorro interno es del 44 %.
n Una cuarta parte del incremento del comercio mundial del año pasado es chino.
n Sus reservas internacionales son en la actualidad del orden de 440.000 millones de dólares.
n Un 25% del crecimiento del PBI mundial en el periodo 1995-2002 se debe al crecimiento chino.
n A partir del 2003 es la cuarta economía del mundo según el monto de sus exportaciones.
La relevancia cuantitativa que ha adquirido China en la economía mundial es la razón que llevó a que Alan Greenspan, el jefe de la Reserva Federal norteamericana, en abril de este año afirmara que si los chinos tienen dificultades con su economía “crearán problemas significativos para las economías del sudeste asiático, para Japón e indirectamente para nosotros” (los Estados Unidos).


¿Es sustentable el crecimiento chino?

Son muy conocidas las advertencias sobre las dificultades de sustentabilidad ambiental del crecimiento de China. En general se considera que el proceso guiado exclusivamente por la “voracidad capitalista” de los empresas extranjeras y la falta de políticas de preservación del gobierno están generando un daño ambiental irrecuperable en China.
Pero mas allá de esa observación, que por supuesto no es menor, es conveniente preguntarse también si la “locomotora” del crecimiento económico mundial de los últimos tiempos no tiene riesgos de afrontar dificultades de aquellas a las que se refiere Alan Greenspan en la cita que hemos referido mas arriba.
Existen algunos elementos que permiten predecir que es probable que esas dificultades aparezcan. Entre ellos merecen ser citados la fragilidad del sistema bancario, la situación del tipo de cambio y los precios del petróleo.


a) Fragilidad y riesgos en
el sistema bancario.

El rápido crecimiento del 2003 (9.1 % del PBI, Tasa de Inversión del 47.2%) ha llevado a las autoridades del gobierno Chino, compartiendo la visión de los técnicos del FMI, a hablar de “recalentamiento de la economía” y de la necesidad de aplicar medidas restrictivas. Un indicador de esta situación serían los datos publicados por la Administración Estatal de Estadísticas que muestran que el índice de los precios al consumidor en agosto subió en un 5,3% en comparación con el mismo período del año anterior. Se trata del mayor incremento verificado desde 1997.
Por tal razón se dispusieron incrementos en los “encajes” bancarios, restricciones al crédito interno, reducción del déficit primario, y otras medidas denominadas “políticas de control macroeconómico”. El objetivo de las mismas no es otro que el de reducir el crecimiento de la inversión para evitar el riesgo de una crisis por exceso de oferta. Una situación de esa naturaleza se traduciría en problemas para los bancos porque la caída de empresas llevaría a las entidades a tener dificultades para recuperar los cuantiosos fondos que han colocado para financiar el proceso de inversión. El sistema bancario chino está fuertemente concentrado en torno a cuatro entidades financieras estatales que concentran casi dos terceras partes del sistema. Algunos estudios sugieren que la proporción de préstamos de “dudosa” recuperación (“non performing loans”) es muy alta y que el sistema se viene manteniendo como consecuencia de las elevadas tasas de crecimiento del volumen de depósitos.
El éxito del “enfriamiento” de la economía aun no se ha visto, y el FMI ha expresado que “una preocupación crucial a corto plazo es que, a pesar de los indicios recientes de moderación en el rápido ritmo de la inversión y del crecimiento económico, no hay garantías todavía de un aterrizaje suave…Somos precavidos sobre el alcance exacto de la desaceleración que se ha producido hasta ahora y sobre si podría o no ser necesaria una restricción adicional de política monetaria”.
Vale la pena aclarar que medidas adicionales de restricción monetaria, y un aumento de las tasas de interés, frenarían la inversión pero afectarían la situación de endeudamiento de las empresas e indirectamente también a los bancos. La sensación de que las empresas estatales tienen un alto endeudamiento y disimulan sus ineficiencias por la existencia de tasas de interés negativas ha sido muchas veces sugerida por economistas que creen que un incremento de las tasas de interés tendrá consecuencias muy negativas en China.
Debe señalarse también que el sistema bancario chino aun no ha enfrentado la competencia de los bancos extranjeros, pero lo hará a partir de Diciembre del 2006 cuando deba cumplir con los compromisos asumidos al ingresar en la Organización mundial del Comercio de suprimir todas las restricciones para que opere la banca internacional con empresas y personas chinas.

b) Situación del tipo de cambio, precio del petróleo y presiones de Estados Unidos.

La situación del tipo de cambio en China ofrece también algunos problemas a corto plazo. Los Estados Unidos y otros países del G-7 le demandan a China que permita la flotación de su moneda (el yuan o renminbi). Su reducida banda de variación (de 8,276 a 8,280 yuanes por dólar) ha permanecido inalterada durante la última década. Las presiones son para que China permita la revaluación de su moneda para reducir de esta forma sus ventajas competitivas respecto a sus competidores regionales y del resto del mundo (obviamente Estados Unidos en primer lugar). Aunque debe aclararse también que las grandes multinacionales norteamericanas que producen en China y reexportan a su propio país y a terceros mercados, no tienen ningún interés en la revaluación.
Finalmente otro factor que tiende a potenciar la posibilidad de una crisis en China es el precio internacional del petróleo. A medida que el precio del petróleo se fue aproximando a los 50 dólares, y cuando los pasó, la pregunta que se formularon los analistas chinos es hasta que punto la economía de su país puede “soportar” este shock externo. La preocupación sobre una inversión excesiva, que aumenta la demanda de combustible, asociada a un aumento del precio del crudo hace crecer las preocupaciones sobre la aceleración de la tasa de inflación y la posibilidad de mayores dificultades en el futuro.
Sin embargo existen también factores que pueden ayudar a morijerar las dificultades en el futuro. En su resistencia a modificar el valor del yuan, China no solo cuenta con el interés compartido con las multinacionales radicadas en su territorio. Mas importante aun es el hecho de que el nivel de reservas internacionales acumuladas le otorgan una fortaleza adicional a sus decisiones. Ademas China ha adquirido un volumen muy importante de bonos del tesoro de los Estados Unidos, recursos con los cuales la administración Bush ha financiado parte de su gigantesco déficit. Una crisis en China tendría efectos más graves que la que tuvieron la de sus vecinos Tailandia o Indonesia a fines de los noventa. Afectaría directamente a los Estados Unidos.
Pero quizás lo más importante de la estructura económica actual de China se relaciona a la posibilidad mantener costos laborales reducidos. La expulsión de mano de obra rural, que genera el cambio tecnológico, ha permitido mantener salarios muy bajos y China tiene aun el 60 % de su población en el sector rural (¡es decir 800 millones de personas!). El salario industrial medio chino se ubica por debajo de los 180 dólares por mes mientras que en Estados Unidos supera los 2.500 dólares mensuales.
Aunque pueda violentar el sentimiento socialista y sus simpatías por el proletariado, la causa final del éxito económico de la Republica Popular China ha sido el bajo costo laboral. Dicho en los términos de Marx, ello se debe a la existencia de una “tasa de plus-valía”, o “grado de explotación” de los trabajadores muy elevado. Es decir que el “trabajo no pagado” ha permitido un proceso de acumulación de capital acelerado.
De todos modos, lo cierto es que las proyecciones ya han comenzado a estimar una desaceleración del crecimiento de la economía china a partir del próximo año. El Fondo Monetario Internacional (FMI) recientemente ha proyectado las tasas de crecimiento del PBI que cree que se verificaran, y aunque China sigue siendo la economía mas dinámica, ya se aprecia una reducción de su ritmo que caería al 7.5% anual en el 2005.
Parece razonable concluir entonces que en un futuro no muy lejano la “locomotora” perderá fuerza y con ella todo el “tren” de la economía mundial tendrá menos dinamismo. No es un buen augurio pero es muy probable que esa sea la realidad en el futuro.

Una digresión final:

Por estos días hemos “redescubierto” China a raíz de algunos “trascendidos oficiales” sobre la posibilidad de inversiones Chinas en Argentina. Vale la pena formular algunas consideraciones sobre el tema.
n No debe afirmarse que China será en el futuro importante para Argentina. La verdad es que China ya es hoy muy importante para la economía de nuestro país. Cualquiera que revise las cifras de exportación de los principales productos que exporta argentina lo va a advertir (por ejemplo en el año 2003 el 66% de poroto de soja y el 37% de aceite de soja que exportó Argentina tuvo como destino a China). A partir del año 2001 el saldo del intercambio comercial es positivo para Argentina y en el 2003 llegó a los 1.833 millones de dólares (datos provisorios INDEC).
n Es de esperar que, como el balance comercial con Argentina es negativo para China, existan justificadas intenciones para que se aumenten las compras argentinas para tender a una situación bilateral mas equilibrada.
n Lecciones no menores pueden obtenerse del estudio de la historia económica reciente de China. La economía que más ha crecido en el mundo lo ha hecho con una fuerte participación estatal, desarrollando su sector manufacturero, propiciando el avance tecnológico y contrariando en muchas oportunidades las sugerencias del mundo desarrollado y los organismos multilaterales.
nLa “transición” china hacia el capitalismo no ha contado con tantos asesores occidentales como el caso de la ex Unión Soviética, pero hasta ahora sus resultados parecen ser mejores que los que obtuvieron en Rusia cuando siguieron los consejos de los “expertos” de occidente.
Finalmente, no sería bueno que se difundiera la idea que una “asociación estratégica” con China (si es que esa posibilidad existiera) permitiría resolver mágicamente todos los problemas argentinos. Aunque sea una decisión correcta la de tratar de profundizar los vínculos con una economía como la china, ya deberíamos haber aprendido que los “rumores oficiales” no resolverán nuestras dificultades. Pretender tal cosa sería tan solo un “cuento chino”.





 
 
 

 
 
La Mañana de Córdoba - Colón 771, (CP 5000) Córdoba-ciudad - Teléfonos/fax (0351) 420-1100
© 2004 Medios del Interior S.A. - Todos los derechos reservados.