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| Más mínimo que vital |
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| ALFREDO BLANCO - Especial
para LA MAÑANA |
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Con un cronograma de aumento escalonado,
que termina en julio, el Consejo del Salario resolvió
llevar la remuneración básica a 630
pesos.
Mas allá de las diferencias que se exteriorizaron
entre los integrantes del Consejo (tanto por el
lado de los trabajadores como de los empresarios)
la noticia genera interpretaciones diversas.
Están aquellos que consideran que la decisión
no implica un verdadero aumento porque lo que se
hace es «blanquear» sumas que hasta
ahora se consideraban pagos «no retributivos».
En este grupo se alinean obviamente aquellos sindicalistas
que quedaron en minoría con su reclamo de
772 pesos.
Están también los que explican que
la medida no solamente beneficia a un número
importante de trabajadores (estimados entre seiscientos
mil y un millón) sino que es una señal
que va a afectar a todos los salarios de la economía,
incluyendo a aquellos que por la precarización
laboral trabajan «en negro». En este
grupo se incluyen naturalmente los funcionarios
del gobierno que se esfuerzan por fundamentar que
la medida demuestra que la distribución de
la riqueza en Argentina es un objetivo en vías
de concreción.
Como en tantas otras ocasiones la verdad está
a medio camino de las posiciones extremas. Es indiscutible
que la decisión significa mejorar las retribuciones
de un sector de los trabajadores. Y también
es cierto que la modificación impacta no
sólo sobre otros conceptos de las retribuciones
(en particular los adicionales que se calculan sobre
el básico), sino que terminará incidiendo
indirectamente sobre las escalas salariales determinadas
en los convenios de las distintas actividades económicas.
Asimismo el aumento significará mayores aportes
a la seguridad social y un incremento en el aguinaldo.
Además, tiene un efecto positivo sobre la
recaudación porque se reflejará en
mayores aportes y contribuciones de empleados y
empleadores.
Pero en la discusión que se ha suscitado
con esta determinación hay momentos en que
parece olvidarse que 630 pesos está claramente
por debajo de la línea de pobreza.
Adicionalmente una sociedad que, razonablemente,
no puede olvidar el pasado inflacionario recibe
esta decisión de sus dirigentes sin ocultar
cierto temor por una posible repercusión
sobre el nivel de precios.
Oculta entre los argumentos de quienes piensan que
es una medida estéril, oculta entre las razones
de aquellos que temen impactos en los precios y
oculta también entre los razonamientos de
los que pretenden demostrar que la redistribución
del ingreso ya comenzó, está una verdad
absoluta: lo que ha hecho es fijar un salario más
mínimo que vital. |
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