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Lun : 17 Oct : 2005
 
 
 
 
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ELECCIONES PARLAMENTARIAS NACIONALES
Octubre, ¿elecciones y después...?
ALFREDO FELIX BLANCO - Especial para LA MAÑANA
Las elecciones del próximo domingo, que no despiertan ni pasión ni interés entre los ciudadanos, tienen la particularidad de que es casi imposible descubrir cuáles son las diferencias de ideas económicas entre los candidatos más conocidos.
Por estos días, la hostilidad verbal entre el oficialismo y su ex aliados del “duhaldismo” es tan fuerte, como indiferenciado es su discurso económico. Esto obviamente no puede sorprender si se recuerda que el responsable de la política económica de Kirchner es la misma persona que, en su momento, lo fue de Duhalde.
Es en este contexto que los argentinos caminan al próximo acto electoral siendo testigos de una campaña en la cual parecen existir sólo dos certidumbres: la primera se refiere a que, en general, los candidatos del gobierno obtendrán buenos resultados y la segunda es que de propuestas económicas se habla relativamente poco.
Parece existir un acuerdo implícito por el cual el oficialismo “capitaliza” los éxitos en materia de crecimiento económico y reclama apoyo para seguir con el “renacer de la patria” y los opositores plantean poco más que denuncias sobre los peligros de la hegemonía política del Presidente. Un observador poco advertido podría pensar que en relación a lo económico ¡no hay nada que discutir!

Pero la casa, ¿está en orden?

Mirada contra la trágica silueta (aún presente) de la crisis del 2001, la actual situación no puede lucir de otra forma que no sea la de un “renacer” auspicioso de la economía argentina. Resulta innegable que, más allá de la influencia de factores internacionales favorables, la evolución ha sido mucho más positiva que la esperada tanto por los “expertos” de organismos internacionales como por los “gurúes” del establishment doméstico.
El éxito del proceso de reestructuración de la deuda, más allá de algunas críticas no siempre objetivas, la relativa estabilidad de precios lograda después del shock del 2001-2002, el rápido crecimiento del Producto Bruto en los últimos años y los abultados superávit fiscales, parecen ser las fortalezas del gobierno que inhiben la crítica y el debate económico por parte de la oposición. No es despreciable tampoco la influencia que tiene la necesidad de la sociedad de “dejar atrás” los recuerdos de la mayor crisis económica, política e institucional de los últimos tiempos.
Sin embargo vale la pena consignar algunos aspectos que, después del próximo domingo, van a ocupar el espacio que hoy domina la campaña. Los siguientes podrían constituir los principales aspectos de la agenda económica poselectoral:

- Inflación: La difusión del Índice de Precios al Consumidor de setiembre alteró el estado anímico del presidente Kirchner, que volvió a denunciar a los “especuladores” que atentan contra los argentinos y procuran desestabilizar a su gobierno. En la historia económica argentina las explicaciones conspirativas han sido utilizadas muy a menudo, cada vez que la evolución de alguna variable no mostró el comportamiento deseado. En esto el Presidente no es original, ni aporta mucho a la solución del problema de la inestabilidad de precios.
El dato objetivo es que, con el crecimiento verificado en el último mes (1.2 por ciento) la inflación ya acumula un casi un 9 por ciento en lo que va del año y un 10.3 por ciento en los últimos doce meses. Ya es evidente que la meta inflacionaria del gobierno (10.5%) para el corriente año no podrá ser cumplida y existen elementos para pensar que en el último trimestre los precios mostrarán un comportamiento más dinámico aún. En primer término porque, pasadas las elecciones, el gobierno estará más dispuesto a consentir ciertos aumentos en los servicios públicos de las empresas privatizadas que hasta ahora no permite por motivos políticos. En segundo lugar porque los últimos meses del año, en particular diciembre, siempre presenta incrementos estacionales de precios.
Admitir que la meta prevista no se logrará y abandonar las explicaciones “políticas” de la inflación es imprescindible. Este reconocimiento es importante porque el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia, y la inflación no sólo es una realidad sino que su tendencia es claramente creciente.
Si se considera la variación del índice de precios al consumidor entre setiembre de cada año y el mismo mes del año anterior, se puede apreciar la magnitud de la aceleración que ha registrado el fenómeno inflacionario. En el 2003 dicho valor fue del 3.5 por ciento, se elevó al 6.5 por ciento en el 2004 y, como ya dijimos, llegó a un 10.3 por ciento en el 2005. Por supuesto que, comparados con la variación que existió entre los meses de setiembre del 2001 y setiembre del 2002 (+ 38.5 %), estos valores parecen reducidos; sin embargo debe tomarse nota que los porcentajes muestran una tendencia a crecer de forma cada vez mayor.
Argentina va subiendo cada año un “escalón” del proceso inflacionario. Si no se asume que la inestabilidad de precios se está acelerando, no hay receta que resuelva la cuestión. Pasadas las elecciones, y más allá de todo voluntarismo político, surgirá como uno de los puntos más importantes de la agenda la necesidad de atacar este problema porque la inflación no es un tema coyuntural, y sus perjuicios son siempre graves.

- Desempleo y pobreza: La explosión de la tasa de desempleo, que se verificó con la estrategia seguida por Argentina en la década de los noventa, ha mostrado una resistencia a bajar muy importante. Cuando la economía salió de la recesión que la aquejaba desde 1998, los aumentos del Producto Bruto Interno se traducían en reducciones del desempleo, pero los últimos datos tienden a mostrar que éste se ha ido tornando cada vez más inelástico ante aumentos del PBI. Bajar los niveles de pobreza exige mejorar el nivel y las condiciones del empleo, cuya precarización es alarmante. El crecimiento económico, única base perdurable para lograrlo, exige una estrategia clara de política económica que sea capaz de alentar un proceso de inversión sostenido del sector privado.
En este marco asumirán importancia las definiciones, hoy ausentes, en materia de energía y combustibles. En nuestro país más del ochenta y tres por ciento de la energía primaria depende del petróleo y del gas, y ya existen problemas con ambos recursos. En el primer caso, la producción del año pasado fue la más baja desde 1995 y en pocos tiempo nuestro país puede ser importador neto de petróleo. En gas natural los aumentos de producción se han hecho a costa de las reservas, cuyo horizonte se ha reducido a sólo 15 años. Las empresas petroleras sostienen que las retenciones sobre las exportaciones afectan la rentabilidad y desalientan las inversiones. Mientras tanto, la actitud del Estado puede colocar a Argentina en una situación delicada para sostener el crecimiento de los últimos años. Los aumentos en los valores internacionales del crudo han sido subestimados por el gobierno y la realidad es que los precios internos en algún momento se van a ajustar y ello impactará negativamente sobre toda la economía. La política de retenciones y acuerdos con las empresas han mantenido a la Argentina “aislada” de las variaciones internacionales, pero ello no es sustentable a largo plazo. Aunque a veces las decisiones oficiales lo ignoren, el mercado interno de los hidrocarburos no puede ser considerado al margen de influencias “globales” porque ello puede tener costos muy elevados para la economía.

- La distribución del ingreso: La crisis incrementó la cantidad de “nuevos pobres” y, como dijimos, ello ha sido la consecuencia directa del aumento de la desocupación y la precarización del empleo que produjeron las transformaciones económicas de los años noventa. A ello debe agregarse también la caída del nivel de ingresos que produjo la salvaje devaluación asimétrica que sobrevino a la salida desordenada de la convertibilidad. Muchos de estos nuevos pobres no sólo han sido notificados de que el mercado no requiere su trabajo, sino que simultáneamente se han enfrentado a la dramática realidad de que ello no parece ser una situación transitoria. Mientras más tiempo transcurra hasta su reinserción más difícil será su inclusión y más irreversibles las consecuencias sobre esas personas. La magnitud cuantitativa de la exclusión social hace impensable un proceso en el cual emerjan “naturalmente” con la recuperación económica. Es indispensable contar con políticas activas para abordar el problema, porque el paso del tiempo transforma a esa pobreza en un dato estructural del país. Mejorar la distribución del ingreso es un imperativo ético, pero también un requerimiento de una economía capitalista moderna. El “asistencialismo”, aunque necesario, no es una solución y menos aún cuando se lo asocia a prácticas políticas que denigran la condición de quien no tiene otra opción que aceptarlo. Una adecuada estrategia de distribución del ingreso exige crecimiento perdurable y para ello seguramente se requerirá una profunda transformación del sistema impositivo que no sólo es regresivo, sino que afecta las posibilidades de inversión y crecimiento. La cuestión social debe ser dignamente considerada y es imperioso tener instrumentos de asistencia y promoción social, pero también lo es desarrollar estrategias que alienten a los excluidos a incorporarse efectivamente al mercado de trabajo.

- Articulación con el resto del mundo y fortaleza institucional: aunque pueda resultar electoralmente efectivo, el discurso “antiimperialista” del gobierno es inconducente, negativo y deberá ser reemplazado por actitudes más “racionales” con el resto del mundo. No es necesaria una continua condena a los organismos internacionales o a las empresas extranjeras para consolidar un espacio de autonomía nacional para las decisiones. El respeto internacional se gana, entre otras cosas, fortaleciendo las instituciones del sistema; porque la experiencia en todo el mundo indica que es muy difícil que exista una economía sólida sin instituciones políticas, jurídicas y legislativas fortalecidas.

Cuando Octubre haya pasado, y los ecos del resultado electoral se apaguen, todavía estarán pendientes estas cuestiones. Son ellas, seguramente entre muchas otras, las que incidirán efectivamente en la vida de los argentinos.

(*): Departamento de Economía y Finanzas. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad Nacional de Córdoba.





 
 


" Parece existir un acuerdo implícito por el cual el oficialismo “capitaliza” los éxitos en materia de crecimiento económico y los opositores plantean poco más que denuncias sobre los peligros de la hegemonía política del Presidente. "
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