Sir John Richard Hicks fue uno
de los más notables economistas del siglo
pasado, sin embargo su importancia no es conocida
por el gran público.
Al menos no lo es, en la medida que sus contribuciones
a la teoría económica lo justificarían.
A pesar de la inevitable difusión periodística
de su nombre en 1972, al ser galardonado con el
Premio Nobel de Economía (compartido con
Kenneth J. Arrow)
por sus contribuciones
pioneras a la teoría del equilibrio económico
general y la teoría del bienestar,
este gran economista británico no es recordado
con la admiración que se merece.
Probablemente su perfil esencialmente académico,
cierta dosis de eclecticismo en sus posiciones y
sobre todo el haber sido contemporáneo del
gran Keynes, explican en parte esta
situación.
El pasado 8 de abril se cumplieron 102 años
de su nacimiento en Warwick, localidad inglesa en
el que su padre desarrollaba actividades en el periódico
local.
Interesado en temas históricos, económicos
y en matemáticas, Hicks se graduó
en la Universidad de Oxford y posteriormente enseñó
sucesivamente en la Escuela de Economía de
Londres, en las Universidades de Cambridge y Manchester,
y finalmente volvió como profesor a Oxford
hasta su retiro del mundo académico.
Su esposa Ursula Webb, hija de los socialistas fabianos
Beatrice y Sidney Webb, fue también economista
y juntos integraron durante algún tiempo
el circulo de Lionel Robbins en la Escuela
de Economía de Londres.
Esta Universidad fue fundada en 1895 por los padres
de Ursula. Paradojalmente, a pesar del carácter
de militantes socialistas de sus fundadores, tuvo
la presencia de renombrados conservadores (su primer
director fue W. Hewins un destacado miembro de los
Tory; Edwin Cannan, el conocido economista neoclásico,
fue el primer responsable del Departamento de Economía).
En la década de los cuarenta Hicks ingreso
como miembro de la Academia Británica y en
los sesenta fue nombrado Caballero.
Profundo conocedor de las ideas económicas
de la escuela de Lausana (de Walras y Pareto), de
la economía marshalliana y también
de la escuela austriaca, abordó casi todos
los temas de relevancia teórica que se debatieron
en la economía durante el siglo XX.
Es de tal dimensión e importancia el caudal
de sus contribuciones teóricas, que sintetizarla
supone necesariamente subestimar su magnitud. A
pesar de ello, vale la pena intentar una presentación
(necesariamente parcial) de su labor intelectual.
De sus quince exitosos libros no pueden dejar de
señalarse su Teoría de los salarios(1932),
Valor y Capital (1939), La estructura
social (1942), Una aportación
a la teoría del ciclo económico
(1950) Revisión de la teoría
de la demanda(1956), Ensayos críticos
sobre teoría monetaria ( 1967), La
crisis de la economía keynesiana (1974)
y El status de la economía (1991).
Modestia intelectual
Con sincera modestia intelectual, en el Prefacio
de Valor y Capital expresaba que las
ideas básicas de su libro no eran exclusivamente
suyas sino que surgieron por una especie
de proceso social que se desarrollaba entre quienes
trabajan ahí (en la Escuela de Economía
de Londres) en aquel tiempo encabezados por el
profesor Robbins.
De sus muchos aportes al cuerpo teórico
de la economía se destaca la introducción
del concepto de elasticidad de sustitución,
su contribución a los análisis de
equilibrio general, la demostración de
que para la mayoría de los resultados de
la teoría de la demanda no es necesario
suponer una función de donde la utilidad
sea mensurable, el perfeccionamiento de los criterios
de óptimo (el test de compensación,
el criterio de eficiencia Kaldor-Hicks), el desarrollo
de aplicaciones de las curvas de indiferencia,
su teoría del ciclo económico (utilizando
la noción del acelerador) y su compatibilización
con el equilibrio general. Escribió también
una Teoría de la Historia económica
(1969) y formuló numerosas consideraciones
y trabajos sobre el tema de la mensurabilidad
y homogeneidad del capital.
Para ejemplificar el respeto que sus trabajos
han merecido entre los grandes economistas, vale
la pena referir un comentario que Hicks incluyó
en la Introducción de su Revisión
de la Teoría de la demanda. Durante
el otoño de 1946 le pidieron que expusiera
en Harvard su trabajo acerca del excedente del
consumidor ante un auditorio de cinco o seis personas,
¡uno de ellos era nada menos que Samuelson!
y de la posterior discusión surgió
la semilla del libro. De hecho, Hicks es uno de
los pilares sobre los que se asentó el
desarrollo de la teoría microeconómica.
Durante su prolongada vida académica escribió
cientos de artículos en revistas especializadas,
pero el más conocido de todos, y el que
más influyó en el desarrollo de
la economía, fue el publicado en Econometrica
en 1937: Keynes y los Clásicos: Una
posible interpretación. Este trabajo
significó una conciliación de las
ideas de Keynes con los postulados y desarrollos
que éste atacaba en su Teoría
General, que acababa de publicarse el año
anterior.
De este paper de Hicks nació
el esquema llamado análisis de IS-LM
(o modelo Hicks-Hansen) que, con el
aporte de otros economistas, se transformaría
en la presentación ortodoxa de la macroeconomía
de las décadas siguientes.
Básicamente el modelo permite presentar
la tesis de Keynes que afirma que la economía
capitalista puede permanecer con elevadas tasas
de desempleo, y no salir de dicha situación
mediante mecanismos automáticos del mercado,
requiriendo entonces de la intervención
estatal. La crisis económica mundial desatada
en el año 1929 había mostrado las
limitaciones del análisis neoclásico
y Keynes se ocupó de cuestionarlo definitivamente
desde la teoría económica.
Aunque criticado por quienes pensaban que Hicks
distorsionaba el pensamiento de Keynes,
quitándole su poder destructivo sobre el
paradigma neoclásico, su presentación
se convirtió en la base de la pedagogía
de la macroeconomía moderna.
Durante décadas tanto los que adherían
a las ideas del keynesianismo como quienes disentían,
lo hacían en relación al Keynes
de Hicks. Aún hoy la cuestión
sobre qué fue lo esencial de la revolución
keynesiana divide las opiniones de los economistas,
y una consideración adecuada de esas disidencias
no puede ignorar el trabajo de Hicks como primera
lectura indispensable.
En 1945, publicó en la Revue dEconomie
Politique otro trabajo muy importante: La
teoría de Keynes después de nueve
años con una mirada analítica
de los efectos de la obra de Keynes, también
opinable pero indiscutiblemente muy aguda.
En la década de los sesenta Hicks visito
nuestro país y dictó una conferencia
en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Los
que tuvieron oportunidad de conocerlo en aquel
entonces recuerdan la amabilidad y cortesía
de Hicks. Recuerdan que, con la modestia que ya
hemos comentado, expresó que había
estado leyendo con atención, y que coincidía
plenamente, con los artículos sobre inflación
que por entonces había escrito el destacado
economista argentino Julio Hipólito Olivera.
En los años previos a su muerte, alejado
de la actividad académica, siguió
escribiendo y varios de sus trabajos de esta etapa
fueron publicados póstumamente.
Sir John Richard Hicks murió en Gloucestershire
el 20 de mayo de 1989.
(*) Profesor de Historia
del Pensamiento y Análisis Económico.
Departamento de Economía y Finanzas.
Facultad de Ciencias Económicas.
Universidad Nacional de Córdoba.
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