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Mié : 10 Mayo : 2006
 
 
 
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Volverá a la cárcel, su primer hogar

Ramón Nicolás Porcel pasó más tiempo en la cárcel que en su casa en los últimos 38 años . Ayer fue condenado por la Cámara Cuarta del Crimen a cuatro años de prisión como autor de los delitos de encubrimiento, portación ilegal de arma de guerra y resistencia a la autoridad, por un hecho ocurrido el 21 de julio de 2004.
Porcel es pintor de autos, aunque no ejerce ya que su vida en sociedad es muy escasa desde que cumplió los 19 años. El 20 de mayo cumplirá 58 años. Lejos de ser la cárcel el segundo hogar, es en rigor de verdad su hogar y su lugar de vida.
Todo comenzó el 13 de noviembre de 1968, cuando la Cámara Segunda del Crimen lo envió la cárcel por un año bajo el cargo de daño y resistencia a la autoridad. Un año más tarde le tocó el turno a la Cámara Segunda del Crimen, cuando el 2 de diciembre de 1969 fue condenado a cinco años de prisión por violación de domicilio y daño calificado.
El 18 de julio de 1977 fue detenido por cinco hechos de robo calificado. Un año más tarde la Cámara Octava del Crimen lo condenó a 16 años de prisión y la Cámara Novena del Crimen a seis por robo simple unificándole la condena en 18 años de prisión. En el turno de la Cámara Novena le impuso 4 años y 8 meses el 17 de noviembre de 1994 por robo anterior al cumplimiento de la prisión que purgaba. El 20 de abril de 1997 tenía fijada la fecha para el cumplimiento total de la condena, quedando en libertad asistida el 13 de noviembre de 1996.
Apenas un poco tiempo más tarde, el 4 de julio de 1997 fue detenido cumpliendo la condena el 4 de julio de 2004. Fue condenado el 22 de octubre de 1998, por la Cámara Sexta del Crimen a 7 años de prisión.
Quedó libre el 4 de julio de 2004 y unos quince días más tarde, el 21 de julio de 2004, cayó en manos de la Policía por los delitos que ayer fue condenado.
En sus últimos 39 años, pasó 34 años y 8 meses detenido. Le dicen “Meizo” (en alusión a Mellizo) tiene dos hijas y nueve nietos y no sabe ganarse la vida de otra manera que con una pistola en la mano. El más auténtico fracaso del sistema penitenciario argentino y la proclamada resocialización del delincuente.

 
 




 
 
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