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Ramón Nicolás Porcel pasó
más tiempo en la cárcel que en su
casa en los últimos 38 años . Ayer
fue condenado por la Cámara Cuarta del
Crimen a cuatro años de prisión
como autor de los delitos de encubrimiento, portación
ilegal de arma de guerra y resistencia a la autoridad,
por un hecho ocurrido el 21 de julio de 2004.
Porcel es pintor de autos, aunque no ejerce ya
que su vida en sociedad es muy escasa desde que
cumplió los 19 años. El 20 de mayo
cumplirá 58 años. Lejos de ser la
cárcel el segundo hogar, es en rigor de
verdad su hogar y su lugar de vida.
Todo comenzó el 13 de noviembre de 1968,
cuando la Cámara Segunda del Crimen lo
envió la cárcel por un año
bajo el cargo de daño y resistencia a la
autoridad. Un año más tarde le tocó
el turno a la Cámara Segunda del Crimen,
cuando el 2 de diciembre de 1969 fue condenado
a cinco años de prisión por violación
de domicilio y daño calificado.
El 18 de julio de 1977 fue detenido por cinco
hechos de robo calificado. Un año más
tarde la Cámara Octava del Crimen lo condenó
a 16 años de prisión y la Cámara
Novena del Crimen a seis por robo simple unificándole
la condena en 18 años de prisión.
En el turno de la Cámara Novena le impuso
4 años y 8 meses el 17 de noviembre de
1994 por robo anterior al cumplimiento de la prisión
que purgaba. El 20 de abril de 1997 tenía
fijada la fecha para el cumplimiento total de
la condena, quedando en libertad asistida el 13
de noviembre de 1996.
Apenas un poco tiempo más tarde, el 4 de
julio de 1997 fue detenido cumpliendo la condena
el 4 de julio de 2004. Fue condenado el 22 de
octubre de 1998, por la Cámara Sexta del
Crimen a 7 años de prisión.
Quedó libre el 4 de julio de 2004 y unos
quince días más tarde, el 21 de
julio de 2004, cayó en manos de la Policía
por los delitos que ayer fue condenado.
En sus últimos 39 años, pasó
34 años y 8 meses detenido. Le dicen Meizo
(en alusión a Mellizo) tiene dos hijas
y nueve nietos y no sabe ganarse la vida de otra
manera que con una pistola en la mano. El más
auténtico fracaso del sistema penitenciario
argentino y la proclamada resocialización
del delincuente.
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