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Jue : 12 Oct : 2006
 
 
 
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Cuando el fanático es un ministro
LUIS MARIA CABALLERO (*)

El domingo 8 de octubre se publicó en este matutino una entrevista al Sr. ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés González García (el hombre de las 3G), en la que, una vez más, quedó demostrado su absoluto fanatismo y su falta de respeto por las ideas de los otros, por más que no se canse de declamar sus profundas convicciones democráticas, y aun cuando las ideas que descalifica han sido probadas con éxito en otras partes del mundo, y las suyas en ningún país han dado resultado.
En primer lugar, mostrando desconocer palmariamente la importantísima tarea que realiza Portal de Belén en nuestra provincia, el Sr. ministro afirma con absoluto desprecio que la gente de esta institución tiene tan poco que hacer que se dedica a entorpecer. ¿Es que acaso el Sr. ministro no sabe que, precisamente, esta ONG se dedica con increíble entrega y eficacia a socorrer a las víctimas de los sistemas de “salud” que se vienen implementando en el país desde hace años, y de los cuales el que él propone no difiere en nada?
¿Acaso no sabe el Dr. González García que en todos los países del mundo la despenalización del aborto no ha traído la disminución de muertes maternas sino que los abortos clandestinos han seguido existiendo y los “legales” se han multiplicado enormemente? ¿Acaso él sería capaz de mencionar alguna nación que haya logrado disminuir la tasa de embarazos adolescentes, abortos y enfermedades venéreas a través de la simple distribución masiva de anticonceptivos? ¿Es que existe algún país en el que se haya logrado una mejora en estos índices con programas de educación sexual como el que se quiere implementar en la Argentina?
Yerra González García cuando cree que sólo los católicos “fanáticos” (así los llama él) se oponen a la implementación de sus políticas suicidas, irracionales y técnicamente ineficaces. Cristianos de todas las confesiones, creyentes de todas las religiones y hombres de buena voluntad en todo el país (nada tiene que ver la religión con todo esto, pues el sentido común basta y sobra para comprenderlo) se han sentido identificados con las declaraciones de monseñor Lona, obispo de la Diócesis de San Luis, que con increíble sentido común ha dicho en los últimos días que la aprobada en estos días es una “ley que divide a los ciudadanos argentinos en dos categorías. Una primera categoría: los que podrán lograr para sus hijos una educación sexual acorde con sus convicciones, enviándolos al colegio privado que las respete y asuma. Una segunda categoría: la de quienes al no poder acceder a la anterior situación, se verían obligados a someterse al dictamen de una eventual mayoría, en los colegios de gestión estatal. Ante esto, buscar la claridad de la justicia: todos son iguales ante la ley, y todos los padres deben ver respetado su derecho a que no se les imponga coercitivamente a sus hijos una educación sexual contraria a sus convicciones”.
En respuesta a los dichos del Dr. González García voy a afirmar una gran verdad, aunque mucho le pese a los que piensan como él: en todo el mundo jamás una política como la que hoy se nos propone ha dado resultado. A lo largo y a lo ancho del planeta año a año los índices de contagios de virus VIH (y de otras enfermedades venéreas que se creían desterradas, pero han reaparecido con renovados bríos), de embarazos adolescentes y abortos provocados crecen exponencialmente a pesar de que se ha logrado la legalización del aborto en cada vez más países, los programas de educación sexual se aplican en innumerables países y a los chicos les entregan millones de preservativos por donde quiera que van.
Por el contrario, el único país del mundo que ha tenido éxito en la implementación de una política de salud aplicada con los fines que mencionábamos antes, no es ninguno de los países que han aplicado las políticas que propone el Sr. ministro, sino Uganda, un pobre país africano que ha aplicado una política que el Sr. ministro consideraría absurda, pero que ha logrado reducir la tasa de contagio de VIH en la población del país del 25 al 7% en menos de 20 años. Su política, aplicada sin necesidad de enormes gastos y sin costo social alguno, ha sido la de educar a los jóvenes en valores, explicándoles las consecuencias de las conductas promiscuas y promoviendo la fidelidad. Es decir que aquí no estamos hablando de la interferencia de principios religiosos en la política de un país, ni de la aplicación de métodos retrógrados y medievales en la búsqueda de soluciones a problemas acuciantes de la sociedad, sino que estamos ante una verdadera política de estado exitosa, que merece ser imitada. No es un proyecto de derecha ni de izquierda, la salud de la población es una bandera que debe ser enarbolada por todos.
El ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés González García, por su parte, prefiere seguir utilizando la remanida estrategia de inflar cifras y estadísticas para sensibilizar a la opinión pública. Para él, la legalización del aborto terminaría con “los millares de muertes maternas”, producto de “los casi 800.000 abortos clandestinos que se realizan anualmente en la Argentina”. Nadie sabe de dónde salen sus números, pues según las estadísticas divulgadas por el mismo Ministerio de Salud, en el año 2002 hubo en la Argentina 356 muertes maternas. Las muertes vinculadas al aborto provocado se estiman, usualmente, en un 20% de las muertes maternas, con lo que, a lo sumo, podemos hablar de 75 muertes maternas como consecuencia de abortos provocados. Este es un número triste y doloroso, pero que nada tiene que ver con el utilizado por el Sr. ministro en su apología de este crimen. Por otra parte, la cifra de 800.000 abortos es también, evidentemente, falsa, pues siendo aproximadamente 500.000 el número total de niños nacidos en la Argentina anualmente, la cifra dada por el Dr. González García no resiste el menor análisis (habría casi dos abortos provocados por cada niño nacido vivo!!!).
El Presidente de la Nación ha hecho de la confrontación y de la permanente desacreditación de toda opinión diversa a la suya su propio método político. Al parecer, ha sabido inculcar también estos (dis)valores en su ministro de Salud, que no duda en descalificar, con manifiesto desprecio, a los que promueven ideas diferentes a las suyas, aunque las pruebas demuestren que esas propuestas son más racionales y lúcidas que las suyas.

(*) Abogado. Vicepresidente de Primero la Gente
lmcaballero@canac.com.ar




 
La despenalización del aborto no ha traído la disminución de muertes maternas sino que los abortos clandestinos han seguido existiendo.
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