| El domingo 8 de octubre se publicó en este
matutino una entrevista al Sr. ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés
González García (el hombre de las 3G), en la que, una vez más,
quedó demostrado su absoluto fanatismo y su falta de respeto por las ideas
de los otros, por más que no se canse de declamar sus profundas convicciones
democráticas, y aun cuando las ideas que descalifica han sido probadas
con éxito en otras partes del mundo, y las suyas en ningún país
han dado resultado. En primer lugar, mostrando desconocer palmariamente la
importantísima tarea que realiza Portal de Belén en nuestra provincia,
el Sr. ministro afirma con absoluto desprecio que la gente de esta institución
tiene tan poco que hacer que se dedica a entorpecer. ¿Es que acaso el Sr.
ministro no sabe que, precisamente, esta ONG se dedica con increíble entrega
y eficacia a socorrer a las víctimas de los sistemas de salud
que se vienen implementando en el país desde hace años, y de los
cuales el que él propone no difiere en nada? ¿Acaso no sabe
el Dr. González García que en todos los países del mundo
la despenalización del aborto no ha traído la disminución
de muertes maternas sino que los abortos clandestinos han seguido existiendo y
los legales se han multiplicado enormemente? ¿Acaso él
sería capaz de mencionar alguna nación que haya logrado disminuir
la tasa de embarazos adolescentes, abortos y enfermedades venéreas a través
de la simple distribución masiva de anticonceptivos? ¿Es que existe
algún país en el que se haya logrado una mejora en estos índices
con programas de educación sexual como el que se quiere implementar en
la Argentina? Yerra González García cuando cree que sólo
los católicos fanáticos (así los llama él)
se oponen a la implementación de sus políticas suicidas, irracionales
y técnicamente ineficaces. Cristianos de todas las confesiones, creyentes
de todas las religiones y hombres de buena voluntad en todo el país (nada
tiene que ver la religión con todo esto, pues el sentido común basta
y sobra para comprenderlo) se han sentido identificados con las declaraciones
de monseñor Lona, obispo de la Diócesis de San Luis, que con increíble
sentido común ha dicho en los últimos días que la aprobada
en estos días es una ley que divide a los ciudadanos argentinos en
dos categorías. Una primera categoría: los que podrán lograr
para sus hijos una educación sexual acorde con sus convicciones, enviándolos
al colegio privado que las respete y asuma. Una segunda categoría: la de
quienes al no poder acceder a la anterior situación, se verían obligados
a someterse al dictamen de una eventual mayoría, en los colegios de gestión
estatal. Ante esto, buscar la claridad de la justicia: todos son iguales ante
la ley, y todos los padres deben ver respetado su derecho a que no se les imponga
coercitivamente a sus hijos una educación sexual contraria a sus convicciones. En
respuesta a los dichos del Dr. González García voy a afirmar una
gran verdad, aunque mucho le pese a los que piensan como él: en todo el
mundo jamás una política como la que hoy se nos propone ha dado
resultado. A lo largo y a lo ancho del planeta año a año los índices
de contagios de virus VIH (y de otras enfermedades venéreas que se creían
desterradas, pero han reaparecido con renovados bríos), de embarazos adolescentes
y abortos provocados crecen exponencialmente a pesar de que se ha logrado la legalización
del aborto en cada vez más países, los programas de educación
sexual se aplican en innumerables países y a los chicos les entregan millones
de preservativos por donde quiera que van. Por el contrario, el único
país del mundo que ha tenido éxito en la implementación de
una política de salud aplicada con los fines que mencionábamos antes,
no es ninguno de los países que han aplicado las políticas que propone
el Sr. ministro, sino Uganda, un pobre país africano que ha aplicado una
política que el Sr. ministro consideraría absurda, pero que ha logrado
reducir la tasa de contagio de VIH en la población del país del
25 al 7% en menos de 20 años. Su política, aplicada sin necesidad
de enormes gastos y sin costo social alguno, ha sido la de educar a los jóvenes
en valores, explicándoles las consecuencias de las conductas promiscuas
y promoviendo la fidelidad. Es decir que aquí no estamos hablando de la
interferencia de principios religiosos en la política de un país,
ni de la aplicación de métodos retrógrados y medievales en
la búsqueda de soluciones a problemas acuciantes de la sociedad, sino que
estamos ante una verdadera política de estado exitosa, que merece ser imitada.
No es un proyecto de derecha ni de izquierda, la salud de la población
es una bandera que debe ser enarbolada por todos. El ministro de Salud de la
Nación, Dr. Ginés González García, por su parte, prefiere
seguir utilizando la remanida estrategia de inflar cifras y estadísticas
para sensibilizar a la opinión pública. Para él, la legalización
del aborto terminaría con los millares de muertes maternas,
producto de los casi 800.000 abortos clandestinos que se realizan anualmente
en la Argentina. Nadie sabe de dónde salen sus números, pues
según las estadísticas divulgadas por el mismo Ministerio de Salud,
en el año 2002 hubo en la Argentina 356 muertes maternas. Las muertes vinculadas
al aborto provocado se estiman, usualmente, en un 20% de las muertes maternas,
con lo que, a lo sumo, podemos hablar de 75 muertes maternas como consecuencia
de abortos provocados. Este es un número triste y doloroso, pero que nada
tiene que ver con el utilizado por el Sr. ministro en su apología de este
crimen. Por otra parte, la cifra de 800.000 abortos es también, evidentemente,
falsa, pues siendo aproximadamente 500.000 el número total de niños
nacidos en la Argentina anualmente, la cifra dada por el Dr. González García
no resiste el menor análisis (habría casi dos abortos provocados
por cada niño nacido vivo!!!). El Presidente de la Nación ha
hecho de la confrontación y de la permanente desacreditación de
toda opinión diversa a la suya su propio método político.
Al parecer, ha sabido inculcar también estos (dis)valores en su ministro
de Salud, que no duda en descalificar, con manifiesto desprecio, a los que promueven
ideas diferentes a las suyas, aunque las pruebas demuestren que esas propuestas
son más racionales y lúcidas que las suyas. (*) Abogado.
Vicepresidente de Primero la Gente lmcaballero@canac.com.ar |