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EDICION IMPRESA
Jueves 26 de Agosto de 2010

debate sobre real libertad de expresion en argentina

Seis respuestas para entender más sobre caso Papel Prensa

Roberto García, ex director de Ambito Financiero, solía referirse al poderío del Grupo Clarín con la siguiente referencia: “Clarín publica una mentira en el diario. Aparece a la una de la mañana y a las 10 de la noche, esa mentira, se transformó en verdad”.

Aludía a la temible capacidad de amplificación del monopolio con los 258 medios que controla en forma directa, y, además, a la influencia y capacidad de “colonización” de ese aparato sobre el resto de la prensa argentina. Es innegable que tal atributo fue para los Noble-Magnetto un instrumento de extorsión sistemático y la fuente de su exponencial crecimiento económico. Su facturación global llegó a representar el 1% del PBI nacional. No hace falta ser ni muy suspicaz ni demasiado malintencionado para observar esta situación. Clarín “instala” sus “verdades” e inmediatamente adquieren la categoría de “indiscutibles”. Con el debate abierto en torno a la revisión sobre Papel Prensa, este esquema funciona con más vigor que nunca. Clarín (y sus 258 medios) dicen que se ataca la libertad de prensa, o que la viuda de Graiver miente, o que el papel es barato y fácil de conseguir... El coro de medios colonizados o funcionales lo repiten, y pasa a ser una especie de mandamiento bíblico.
Proponemos formular aquí apenas seis interrogantes sobre otras tantas “verdades” de Clarín y repasarlas. Podríamos presentar muchas más. Seguramente quedarán afuera algunas muy importantes, pero comencemos por algo.

1. ¿Los cuestionamientos del gobierno sobre la transferencia de las acciones del grupo Graiver a Clarín-La Nación-La Razón, involucra sólo las sospechas de torturas sobre Lidia Papaleo, la viuda de Graiver, para obtener su aprobación?
Esa fue ayer la estrategia periodística de Clarín y La Nación. Poner foco sólo en la denuncia de la viuda de Graiver a la que respondieron con las declaraciones -en sentido contrario- de Isidoro Graiver, hermano de David, el fallecido presidente del grupo. Pero el informe presentado por Cristina Fernández incluye otro aspecto que es central y sobre el cual ni Clarín ni La Nación responden: las condiciones de la operación económica de transferencia de las acciones de los Graiver a los compradores, durante el gobierno militar que encabezó Jorge Videla. Ese punto es mucho más comprometedor para Clarín-La Nación. De hecho, no hay demasiadas dudas porque está totalmente documentado que se apropiaron de una planta cuya construcción fue iniciativa del Estado, financiada con el aporte de todos los diarios del país y, además, prácticamente no la pagaron con fondos propios sino con diferimientos impositivos. Fue una operación económica absolutamente ventajosa para esos medios en detrimento del resto de los diarios. A todas luces la apropiación de Papel Prensa por parte de Clarín-La Nación y La Razón fue, sobre todo, un  acuerdo político entre el gobierno de entonces y esos medios. Los militares ganaron en control periodístico para el proceso. Clarín-Nación y La Razón en control de la oferta del insumo clave para la prensa escrita y, con esto, en el dominio en el mercado.

2. Los dichos de Isidoro Graiver asegurando que el grupo vendió sin presiones, ¿deben ser tomados como verdad absoluta? ¿La denuncia de la viuda de Graiver, Lidia Papaleo, sosteniendo lo contrario, son necesariamente falsas?
Para Clarín y La Nación ayer es verdad absoluta lo de Isidoro Graiver y falso lo de Papeleo. Pero, ¿por qué debe ser tomado así? Se sabe que Isidoro Graiver y su hermano David estuvieron distanciados por disputas económicas feroces. No es un comentario de peluquería, sino el contenido de una declaración testimonial ante un Consejo de Guerra de la propia madre de los Graiver. Tomar la versión de Isidoro o la de Lidia Papaleo y la de su hermano, Osvaldo, como verdades reveladas es tergiversar, al menos, la mitad de la historia, y obviamente no resuelve lo planteado en el primer punto.

3. ¿Papel Prensa es sólo propiedad de Clarín y La Nación?
No. Y es un “detalle” que ni Clarín ni La Nación tienen en cuenta. Papel Prensa es una sociedad donde el Estado nacional tiene 27,5% del paquete accionario. De manera que pertenece a la sociedad. Sin embargo, esos diarios remarcan que la situación en torno a la empresa es un “ataque” exclusivo contra ellos. Nada se dice del ataque de Papel Prensa al resto de los diarios argentinos que no gozan del privilegio del cupo de venta y el precio subsidiado con que reciben el papel los medios de Clarín y La Nación. Esos diarios tomaron a Papel Prensa como patrimonio exclusivo despreciando la porción que pertenece a la sociedad argentina. Ellos son “la patria”; los demás diarios, extranjeros.

4. El gobierno nacional ¿busca una genuina reparación sobre el resto de los medios gráficos perjudicados durante décadas por el sistema de propiedad y funcionamiento de Papel Prensa, ¿o se trata de un capítulo más de su pelea política con Clarín y La Nación?
No hay ninguna duda: es un hecho que se deriva de la pelea política. Sino no se explica por qué esta situación no se planteó antes. Los perjuicios que el sistema de producción y comercialización de papel ocasionan al resto de la prensa gráfica vienen desde 1977. Y el kirchnerismo gobierna desde 2003. Lo que no implica que la iniciativa de declarar de interés público la producción y comercialización de papel, aunque tarde y por conveniencia, no sea un hecho justo. También lo es el investigar el proceso de apropiación de Papel Prensa. Al kirchnerismo se le puede y se le debe reclamar que desde 2003 a 2008 privilegió a Clarín. Este le retribuyó con “prensa a favor”. Pero el noviazgo terminó cuando el multimedio presionó al gobierno para quedarse con el control de Telecom., amenazando con dar “aire” al conflicto del campo y provocar estrépito político. No aceptaron esa última condición. Antes Kirchner sí aceptó la fusión de Multicanal con CableVisión, aunque después rompió el pacto. El divorcio provocó ruido en ambos lados. Pero -repetimos- al margen de los actores y de las condiciones, la iniciativa actual sobre Papel Prensa es correcta y absolutamente reparadora de una distorsión grave en el mercado de medios gráficos.

5. ¿Clarín y La Nación son o representan la totalidad de la “prensa argentina”?
De ese modo orientan la información esos medios. “Esto es un ataque a la libertad de prensa en la argentina”, afirman. Por repetición termina adquiriendo categoría de verdad revelada. Pero puede afirmarse con mucha rigurosidad que ni hay “ataque a la libertad de prensa”, ni Clarín y La Nación son la prensa “argentina”. No hay ataque a la libertad de prensa que afecte a esos diarios porque no hay ningún elemento que permita afirmar que la decisión del gobierno derive en que Clarín y La Nación no reciban más papel para imprimir. En todo caso el ataque a la libertad de prensa es, desde hace 33 años, de Clarín y La Nación al resto de los medios a través del control de los volúmenes de entrega y del precio del papel, algo absolutamente probado. Por lo demás, es evidente que Clarín y La Nación no son “la prensa argentina”. Hay mucha más prensa argentina. Claro que más débil. Más pobre. Menos influyente. El resto de los medios no cuentan con los recursos, el dominio sobre cientos de medios audiovisuales o digitales, ni con el poder de Clarín y La Nación  para influir extorsivamente sobre el sistema de distribución de diarios o de comercialización de avisos publicitarios, como es práctica habitual para los esquemas monopólicos.

6. ¿Es justo que Clarín- La Nación -y los medios que controlan- paguen el papel más barato a través de Papel Prensa?
Definitivamente no. Papel Prensa no es propiedad exclusiva de Clarín y La Nación. También es propiedad del Estado. Y el resto de los medios están incluidos en ese Estado. Salvo que el Pacto Social en Argentina adquiera un formato distinto al pensado por Rousseau. Hoy Papel Prensa produce menos papel que lo que su capacidad instalada le permite. Esto no es fatiga argentina. Es el mecanismo más elemental de control sobre la oferta del insumo. Por eso nadie, que no integre el grupo, puede comprar papel sin tramitar antes el cupo de disponibilidad. Aun teniendo esa bendición, los medios “favorecidos” no logran ni los volúmenes ni los precios de los aliados de Clarín-La Nación, que pagan valores equivalentes o por debajo de los costos de producción. Para los excluidos de todo, las únicas alternativas son Papelera del Tucumán o importar. En ambos casos, las condiciones de entrega y los precios se ubican 40% promedio por encima de lo que logran los diarios de Clarín y La Nación.

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Osvaldo Papaleo
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