Nacionales
EDICION IMPRESA
Viernes 08 de Enero de 2010

PIEDRA LIBRE

Ventajas y desventajas del empleo público

Por Gonzalo Neidal

Los empleados públicos tienen razón cuando aspiran a cobrar sus sueldos puntualmente.
Tienen toda la razón del mundo.
Porque tienen obligaciones que afrontar.
Porque tienen una familia para mantener.
Porque tienen deudas para pagar.
Porque les asiste el derecho de cobrar puntualmente.
En definitiva, porque sí.
Pero los empleados públicos, muchos de ellos trabajadores sacrificados, deberían mirar un poco a su alrededor.
Hablar con sus vecinos.
Saber que la mitad de los trabajadores del país en relación de dependencia, pero también cuentapropistas, trabajan en negro. Es decir, no tienen obra social ni aportes jubilatorios.
Y los que trabajan en blanco, no tienen la suerte de los empleados públicos.
Porque pueden ser echados en cualquier momento.
Porque están inhibidos de tener una cantidad estimable de carpetas médicas sin consecuencias para su estabilidad laboral.
Porque el ritmo de trabajo es mucho más intenso.
Y porque sufren en directo los problemas económicos del país bajo la forma de falta de oportunidades laborales, bajos salarios, inestabilidad en sus empleos.
Si los empleados públicos miraran un poco a su alrededor comprenderían lo afortunados que son.
Porque, hagan lo que hagan, nadie puede echarlos de sus trabajos.
Porque gozan de respetables sueldos en relación con sus empleos y en relación con el promedio.
Porque tienen una cantidad de ventajas respecto de un empleo privado, entre ellas una cierta calma laboral que los preserva de picos de estrés.
El paraguas protector del Estado no debería ser subestimado por los empleados públicos. Y menos en situaciones como la que vivimos.
Afuera del Estado, en la intemperie de la actividad privada, en la calle, la cosa es bastante más dura.
Azarosa.
Inestable.
Complicada.
Sin la red protectora del Papá Estado, la vida es mucho más áspera.
Todo esto debería ser evaluado por los empleados públicos cuando se lanzan a la facilidad del paro. Es muy fácil parar cuando uno sabe que su empleador siempre pagará.
Y que, además, no puede echarlo.
Los empleados públicos también deberían contemplar la difícil situación por la que atraviesa el estado, al cual nunca le alcanza el dinero. Y esto vale tanto para la Municipalidad como para la Provincia.
Y entre otras cosas no le alcanza porque la partida de personal es sumamente elevada en relación con los ingresos.
Los conflictos con los empleados públicos tienen un elevado costo político para los gobiernos. Por eso, todos estamos seguros que los gobernantes se desviven por pagar, en primer lugar, al personal. Para eso postergan obras y pedalean a los proveedores.
Los empleados públicos están primeros en la lista de los que cobran.
Por eso, cuando no les pagan en término, es sencillamente porque no hay dinero suficiente.
No por maldad o perversión del gobernador o el intendente.
No por ninguna conspiración internacional.
No porque su trabajo no sea valorado.
Simplemente porque no hay dinero suficiente.
Volvamos al principio: los empleados públicos tienen toda la razón del mundo al reclamar que se les pague en término.
De todos modos, si creen que, además de no cobrar en término, ganan poco, no se valora su trabajo y llevan una vida laboral demasiado sacrificada, siempre tendrán la opción de renunciar e integrarse al mercado laboral del sector privado.
Podrían probar. De ese modo, terminarían con todos los padecimientos a que los somete el Estado.
¿Por qué no lo hacen?

 

Los hospitales provinciales otra vez quedaron ayer sin atención por una protesta insensible.

Comentarios
últimas noticias
TODAS LAS VOCES
noticias más leidas del día