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Sociedad
Miércoles 06 de Julio - 2011

Los primitivos habitantes

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Cuando Jerónimo Luis de Cabrera fundó en 1573 la ciudad de Córdoba vivían en esa zona y en gran parte del actual territorio provincial dos pueblos indígenas de características semejantes: los comechingones y sanavirones.
Si bien las crónicas hablan de ellos sin diferenciarlos, lo cierto es que los comechingones se establecieron a lo largo de las sierras y sus márgenes, donde se manejaron con dos dialectos diferentes, “henía” al norte y “camiare” al sur, parcialidades lingüísticas que, de todos modos, culturalmente constituyeron una unidad.
La base de la organización social de este pueblo era el “ayillu”, que nucleaba a varios grupos con el mismo apellido y que estaba dirigido por un “mandón”. A su vez, éste obedecía al cacique o “curaca”, quien gobernaba sobre territorios que estaban amojonados, llamados “provincias”.
Los españoles se sorprendieron por los hermosos campos que poseían estos aborígenes. En sus relatos aseguran que distinguían las poblaciones indígenas pues alrededor de ellas solo veían los sembrados de maíz, porotos, zapallo y quinoa. También integraron la dieta alimenticia de los comechingones la algarroba, el chañar y el mistol, que recolectaban del bosque. Cazaban guanacos, ciervos y ñandúes, mientras que la cría de llamas fue su principal ganado.
Si bien los comechingones habitaron cuevas y aleros, fundamentalmente lo hicieron en las llamadas “casas-pozo”, amplias habitaciones de forma cuadrangular o rectangular, cavadas en la tierra.
Estas perforaciones (aproximadamente de un metro y medio de profundidad) constituían la parte inferior de la pared que se comunicaba ya en superficie con el techo de ramas y paja. Eran muy amplias y estaban habitadas en promedio por 4 o 5 familias cada una.
Con piedras fabricaron puntas de flechas, hachas, conanas y morteros para moler maíz. Con huesos y conchas realizaron collares, adornos para vestimentas y diversos utensilios. Conocieron el hilado de la lana de llama, con el que tejieron camisetas y mantas, teñidas de vistosos colores y usaron vinchas y tocados de plumas. También utilizaron la cerámica decorándola con guardas geométricas incisas.
Según los primeros españoles que llegaron a estas tierras que luego Cabrera bautizaría como “Córdoba de la Nueva Andalucía”, los comechingones eran distintos a otros grupos indígenas, pues eran altos y con barba «como los cristianos, vivían en cuevas y no usaban ponzoña en las flechas». El aspecto físico sorprendió mucho ya que la mayoría de los aborígenes eran lampiños.

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