Espectáculos
Viernes 30 de Agosto de 2013

ESPACIO LITERARIO /// Gabriela Vidal

“Melancólicos”

Esta novela tiene un encanto similar al teatro de cámara. El lector se siente como un espectador que se enfrenta a una obra íntima, donde los personajes se vuelven cercanos. Aquí dejamos un fragmento de esta historia, narrada en primera persona por María, la protagonista.

«No era un sueño. Después de contar con detalle, Emiliano me dijo que en realidad, se trataba de un recuerdo: “Ana y él tomaban éxtasis e iban a bailar música tecno a una disco del centro de la ciudad. La estaban pasando muy bien hasta que un grandote le pegó en la cara a Emiliano. Él sangró. Ana vio la sangre y se fue contra el grandote. Lo mordió tan fuerte que también lo hizo sangrar. La gente le gritaba “Tyson”. Los echaron a la calle. Emiliano, para completar, meó en la puerta de la disco. Por suerte, no había policías por ahí y nadie se enteró de la venganza del pi pí. Terminaron juntos, en casa, conversando de la vida. No tuvieron sexo esa noche. Contra todas las predicciones, ellos, que habían tomado éxtasis, al menos el suficiente como para estar bien puestos, decidieron platicar”.
- Yo sabía que era un recuerdo, pero decidí soñarlo porque no puedo recordar de qué platicamos hasta el mediodía siguiente.
- ¿Y por qué necesitas recordar eso?
- Porque fue importante, lo sé.
- Pero si hubiera sido importante lo recordarías.
- No funciona así.
¿Cómo funciona? Emiliano está seco, distante. Se pone de pie, toma su ropa.
- ¿Vas a salir?
No responde. No sale. Se queda mirándome. Me asusta. Yo también sueño con Ana. Yo también despierto con el recuerdo de mi sueño y un puñado de sensaciones que no sé manejar, pero su cara es más fuerte que todo lo que puede sucederme a mí después de soñar con ella.
- Decime algo.
- Creo que no deberíamos volver a dormir juntos.
Se va. Sale de la habitación sin decir nada. Tengo miedo que no regrese. A lo mejor estaría bien que eso sucediera. Pueden pasar dos cosas: que regrese, que no regrese. Voy a esperar. ¿Hasta cuándo? Voy a esperar dos horas. Si no regresa, tomo mis cosas y voy al aeropuerto, saco un vuelo para el D.F. y luego, adelanto mi regreso a Buenos Aires. Voy a esperar tres horas, mejor. Si regresa, pueden pasar dos cosas: que hablemos o que no hablemos. Si hablamos, va a decirme por qué no tenemos que dormir más juntos. Otra vez, dos opciones: puede que entienda, puede que no. Si no entiendo, volvemos a la opción A) que es regreso al DF e inmediatamente a Buenos Aires. Si entiendo, seguimos viaje sin dormir juntos. ¿Lo extrañaré? Voy a esperar un poco más de tres horas. Si no hablamos, puede que volvamos a dormir juntos y los dos vamos a fingir que Ana no aparece en nuestros sueños. Pero ella va a insistir. No conozco tanto a Ana, pero sí lo suficiente como para saber que ella va a volver. Si ella vuelve, esta escena volverá a suceder y las opciones siguen siendo dos: que tenga paciencia o que no tenga paciencia. Voy a esperarlo… no sé cuánto tiempo, a lo mejor, el que haga falta. Si tengo paciencia, esto no va a terminar nunca. Si no tengo paciencia, volvemos a la opción A) que es regreso al DF e inmediatamente a Buenos Aires. Voy a esperarlo porque ahora que se fue siento que estoy enamorada. Muy enamorada. Ana, sí, me enamoré de tu novio. Nunca lo había hecho antes, te lo juro. Ni siquiera cuando éramos adolescentes y competíamos en todo, menos en esto. Nunca me fije en un novio tuyo. Pero Emiliano es distinto. ¡Tiene tatuado tu nombre! Y estamos en un viaje que parece no terminar nunca. Y estamos tristes. Y te extrañamos.
La llave en la puerta. Es él».

Comentarios
fotos
TODAS LAS VOCES