Córdoba
Por primera vez, familias gitanas reciben educación formal
Provienen de distintos barrios de la ciudad y tienen entre 10 y 65 años. Aprenderán a leer y a escribir a través de una iniciativa de la ONG Amor por los Marginados y Olvidados (AMO), y también podrán enseñar su idioma originario -húngaro- a los cordobeses que lo deseen. Las clases se dictarán dos veces por semana en barrio Villa El Libertador, en la casa de la familia Traico, una de las más tradicionales de Córdoba.
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Yanina Soria ysoria@lmcordoba.com.ar
El pizarrón, las tizas, los cuadernos, los lápices y la maestra. Ya está todo listo.
Poco a poco van llegando a la pequeña escuela que se improvisó en la casa de la familia Traico, en Villa El Libertador.
Si bien provienen de distintos barrios de la ciudad de Córdoba y tienen entre 10 y 65 años, todos persiguen el mismo objetivo: aprender a leer y a escribir en castellano.
Algo excitados y con mucha expectativa, a las 15 en punto se sientan enfrente de la pizarra para comenzar con la clase que durará dos horas.
Con paciencia y voluntad, la maestra comienza por lo más básico: el abecedario y los números. Unos minutos más tarde, del otro lado de la sala, Claudia de 51 años, no puede evitar sentirse emocionada al mostrarle a su “señorita”
-tal como llaman a la docente- que logró escribir su nombre sola.
Se trata de una experiencia única para la comunidad gitana de Córdoba, ya que por primera vez distintas generaciones accedieron a formar parte del sistema educativo.
Durante años las familias tradicionales gitanas consideraron que la escuela era un buen instrumento, pero nunca representó un recurso imprescindible para el futuro de sus hijos. Históricamente, se entendió que la escuela estaba totalmente alejada de los valores tradicionales gitanos y, al mismo tiempo, se desconfiaba de su funcionalidad.
Ahora, por iniciativa de la ONG Amor por los Marginados y Olvidados (AMO) y ante el interés manifestado por los propios miembros de la comunidad, los gitanos podrán alfabetizarse, sin importar edades ni el sexo. El proyecto puesto en marcha el jueves pasado, es abalado por un programa del Ministerio de Educación de la Nación y se basa en el intercambio cultural, ya que además de aprender castellano, luego, podrán enseñar húngaro -su lengua originaria- a los cordobeses que lo deseen.
“Para esta comunidad, el hecho de que los niños aprendan y que las mujeres puedan salir de sus hogares para asistir a clases, es algo muy importante porque rompe con una tradición que las ubicó siempre como amas de casa. El no saber leer ni escribir se convierte en una grave desventaja para ellos, ante un medio caracterizado por la preeminencia del lenguaje escrito”, dijo Lita Hobre, titular de AMO.
Un cambio para la integración
Desde la comunidad gitana reconocen que, desde hace ya varios años, se vienen registrando cambios en sus costumbres y hábitos, como parte de un proceso de adaptación a la sociedad cordobesa actual. La educación es una de las áreas dónde más sintieron esas transformaciones.
“Yo nunca fui al colegio, porque mis padres no creían en eso. Mis hijos fueron sólo algunos años. Ahora, sentimos la necesidad de aprender todos y me siento feliz de que podamos estudiar juntos, acompañados de gitanos de otros puntos de la ciudad. Con esto voy a poder leer libros y sobre todo, escribir mi propia historia”, señaló a LA MAÑANA Mónica Traico, la dueña de casa.
Debido a que los adultos de la actual colectividad nunca asistieron al colegio, y a que sus hijos lo hicieron sólo hasta los 10 u 11 años, la educación generalizada
-más aún de las mujeres- representa un verdadero desafío, significa “un paso hacia el progreso del pueblo gitano”, según definieron.
Vestida con pollera color violeta, una camisola haciendo juego, sandalias taco alto, y el tradicional pañuelo en la cabeza -que identifica a las gitanas casadas-, la mujer comentó que muchos y diversos factores incidieron a lo largo de los años, en el cambio de mentalidad respecto a la escolarización.
El traspaso de la vida en carpas a viviendas de material, y con ello, el acceso a los servicios públicos como el agua, gas y energía eléctrica; la convivencia vecinal y la relación con otras personas que no pertenecen a la comunidad; la estabilidad en un barrio; y el acceso a la salud pública; son algunos de los aspectos que ejemplifican la acelerada transformación.
Otro de los logros que estas nuevas estructuras sociales obtuvieron fue el contacto con individuos ajenos a su pueblo, algo que antes se consideraba arriesgado por la posible pérdida de identidad que implicaba, aunque sí admiten en su comunidad a cualquier persona que acepte sus leyes y costumbres.
Mujer, trabajo y tradición
Así como los hombres de la comunidad se dedican exclusivamente a actividades como el comercio, chatarrería, compra y venta de vehículos, las mujeres también tienen un rol definido que las liga a las tareas de la casa.
“Nosotras nos encargamos de todo lo que tenga que ver con la casa: la comida, las cortinas, la limpieza, la ropa, y por supuesto, los hijos. Podemos salir a hacer compras pero a las ocho (de la noche) ya tenemos que estar adentro”, explicó Mónica Traico, miembro de una de las familias gitanas más tradicionales de Córdoba.
Sin embargo, con el propósito de romper con estereotipos y de obtener una salida laboral, las gitanas cordobesas conjuntamente con la ONG AMO desarrollarán un microemprendimiento de costura.
“Se trata de un proyecto orientado hacia la inclusión social sostenida porque busca que ellas tengan una salida laboral. Es un paso hacia el ingreso formal de la mujer gitana en el mundo del trabajo”, señaló Carlos Camargo, miembro de la asociación.
Mediante la iniciativa, estas gitanas podrán diseñar y coser los vestidos a un precio más bajo que el que le cobran las modistas.
“Vamos a empezar con algunas máquinas de coser, que una de mis sobrinas nos va a enseñar a usar. Entonces en vez de llevar las polleras a la modista, nosotras mismas las vamos a terminar en casa. Vamos a hacer los trabajos de las gitanas de otros barrios y les vamos a cobrar la mitad”, dijo Rosa Traico, quien comparte la casa en Villa El Libertador con nueve personas más, entre ellas, toda la familia de su hermano.
Para ellas, el microemprendimiento significa una forma digna de enfrentar los constantes acto de discriminación a los que son sometidas, según denunciaron.
Para Mónica: “Las mujeres que salieron a la calle a buscar trabajo aunque sea en casas de familia, nunca encontraron nada. Te ven la vestimenta y ya te rechazan. Este emprendimiento significa un desafío y una buena manera de insertarnos”.
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Algunos aspectos de su organización
Si bien se trata de una comunidad integrada por más de cuatro mil personas sólo en la ciudad de Córdoba, y pese a sus valiosos aportes en cuanto a arte, literatura, música y lengua, entre otros, los gitanos siguen siendo un grupo desconocido para la mayoría de los ciudadanos.
“Dentro de nuestra comunidad hay gente mala y buena como en todos lados. Pero a nosotros la gente nos ve en la calle y nos tiene miedo, nos asocian a la mafia y a la mala vida, y nosotros somos como cualquier otra comunidad”, sentenció Claudia Costich de 51 años.
Una de las características sobresalientes de la comunidad gitana es que la mayoría son descendientes de húngaros pero nacidos en Córdoba. Sin embargo, mantienen un arraigado sentido de cohesión de grupo y de exclusividad, y un fuerte respeto por sus tradiciones, muchas veces contrarias a las de la sociedad en les toca vivir.
De allí que sus marcadas diferencias de vida, costumbres y organización social contribuyan a la imagen negativa e indiferente suelen despertar ante el resto de la sociedad.
En cuanto a religión, la mayoría se define como católicos, aunque prefieren realizar sus ritos en sus propios hogares o durante la celebración de sus fiestas, tal como el 8 de diciembre en gratitud a María o el 15 de agosto, en festividad por la Virgen.
La comunidad gitana en Córdoba se divide en clanes compuestos por distintas familias emparentadas por casta común. Aún hoy, mantienen la organización familiar en la que los ancianos ocupan lugares de respeto y autoridad. Actualmente los barrios donde residen son: Villa El Libertador; Las Flores; San Nicolás; barrio Jardín; y camino a San Carlos, entre otros.
Según le comentaron a LA MAÑANA, los matrimonios se siguen concertando, “son la expresión de un deseo por crear alianzas entre familias o clanes”, explicó Mónica Traico. Además, comentó que existe una moral sexual muy estricta, sobre todo para las mujeres solteras, quienes no pueden salir a la calle solas, sino están acompañadas por su madre. Tampoco pueden tener novios antes del casamiento.
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Paso a paso. Jóvenes y adultas aprenden junto a la maestra el abededario y los números del uno al 10. Algunas gitanas escribieron por primera vez su nombre en español.
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Con su vestimenta típica, distintas generaciones de gitanas posan para la foto.
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Banana, manzana, naranja, canela y azúcar son los ingredientes del tradicional té gitano.
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