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Mar : 25 Abr : 2006
 
 
 
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“Ad captandum vulgus”
La vocación de los partidos políticos de captar al vulgo
MIGUEL ANGEL DUARTE (*)
Las campañas electorales son atractivas al análisis político, sociológico, filosófico e institucional. Preguntas como: ¿qué está en juego en cada elección?, ¿por qué los candidatos actúan como actúan?, ¿qué ideales promueven?, ¿cuánto respetan los procedimientos democráticos?, languidecen ante la percepción que los ciudadanos, no logran vivenciar los cambios propuestos por la publicidad.
La publicidad de los actos de gobierno es esencial a la democracia, es evidente la diferencia con el absolutismo que sostenía secretos al amparo de la “razón de estado”. En este sentido sostiene Bobbio (1986: 23) que la publicidad gubernamental “es en sí misma una forma de control, es un expediente que permite distinguir lo que es lícito de lo que es ilícito”.
Ahora bien, la publicidad concebida por estrategias de marketing político, orientan el análisis, cuanto menos, a dos cuestiones: la compleja relación entre política y dinero; y las funciones de persuasión y legitimación de las campañas electorales.
Aún existen sombras sobre el financiamiento político. ¿Cómo se financian afiches prolijamente pegados en la ciudad, pautas televisivas y radiales? ¿Cómo se accede a espacios en periódicos sin propuestas sustanciales para la sociedad? ¿Cómo se adquieren los bienes de cambio que luego serán ubicados en los circuitos clientelares de la política? Nunca queda del todo claro.
En cuanto a las campañas, emergen tácticas persuasivas en tiempos de elecciones generales y de internas en partidos políticos. La publicidad diseña la imagen del candidato colaborando “en la construcción simbólica de autoridad” (BEAUDOUX y otros, 2005, 128).
Tanto posicionan a un candidato como estigmatizan (infaman) al adversario, se trate de competencias entre partidos como en el seno de cada partido.
Hace más de una década se advierte en la esfera política la hegemonía cultural impuesta por estrategas políticos globales, para quienes, como señalaba Sidney Blumenthal (HALIMI, 1999:1,8-10) “los asesores en comunicación son permanentes, los elegidos, efímeros”.
Vemos con normalidad en campañas nacionales, contratar estrategas electorales de Estados Unidos -o Brasil, pero formados con la misma lógica- quienes, según Serge Halimi (1999: 1), dirigen “campañas anodinas, ausente de debate de ideas, ante un público escéptico, apático y apolítico, con partidos debilitados y bajo la tiranía de las encuestas”.
Se evidencia el predominio de estrategas especializados desplazando de las decisiones a militantes y dirigentes, con el objeto de diseñar candidatos/productos que salgan a “captar al vulgo”.
La Real Academia Española define, Captar: “atraer a alguien, ganar la voluntad o el afecto de alguien”; y Vulgo: “conjunto de personas que en cada materia no conocen más que la parte superficial”. Así, la expresión latina -título de nuestro análisis- podría expresarse: buscan atraer al conjunto dándose a conocer sólo superficialmente.
¿Cuántas ilusiones, expectativas, y esperanzas, emergen en procesos políticos formalmente democráticos?, y ¿cuántas frustraciones se sufren, luego, por incapacidad de gestión; por el divorcio entre representantes y representados; o por la deslegitimación del sistema político?
El mismo Blumenthal -en Estados Unidos de los ’70- advertía que los estrategas del marketing político para aumentar su influencia “precipitaban la eliminación de los partidos y el ‘desalineamiento’ de los votantes y exageraban la importancia de pequeñas querellas simbólicas, fáciles de manipular ante una masa despolitizada” (HALIMI, 1999: 1, 8-10).
Córdoba no escapa a la tendencia (conocimos asesores globales de 1998 a 2001; y volverán seguro en 2007; ¿o permanecen?). Vemos cómo la omnipresencia mediática de actores de la nueva política acentúa personalismos que debilitan instituciones, fuerzas políticas y sociales, y obturan trayectorias históricas populares -con significado a partir de historias de vida; militancia; luchas por derechos, ideales y por la ampliación de la democracia.
Conscientes o no de sus limitaciones, los “ilusionistas” de la nueva política apelan a frases efectistas como estas: 1- “(...) hay gente que se da cuenta que esta nueva forma de hacer política puede terminar con muchos de ellos en la cárcel”; 2- “estoy abrumado por lo que está pasando”; o 3- “soy joven y no me quieren dar una oportunidad”.
Sus discursos insinúan (aparentan) vocación social y luchas políticas frustradas -por magnánima malicia-, pero soslayan lo real, que son productos del poder y de la misma cultura hegemónica que distorsionó los procesos políticos nacionales desde los ’90.
Con actitudes “híbridas”, no cuestionan la ausencia de políticas contra la pobreza, el desempleo, el empleo precario, la exclusión y la violencia social. No reparan en la degradación de la educación y la salud públicas. Tampoco impulsan proyectos genuinos de transformación social. Sólo se posicionan frente a la opinión pública en busca de eventuales triunfos electorales.
Los liderazgos que pretenden resultarían tan efímeros como las encuestas. ¿Sabrán gobernar o conducir proyectos de profunda democratización como necesitamos?
La democracia supone ciudadanas y ciudadanos educados para su ejercicio, capaces de exigir por sus derechos y de asumir obligaciones. Es imperativo mirar lo profundo, superar la superficialidad.
Sostengo que hoy cobran importancia partidos institucionalizados, con historia, tanto como dirigentes prudentes, previsibles y astutos para detectar las redes de poder que sustraen nuestra auténtica identidad nacional.
Vale aclarar: no es natural a la publicidad el mentir, seguramente no siempre lo hace. Como dice la canción de Joaquín Sabina “Mejor que yo miente la necesidad; sabe de sobra cómo hacerte llorar; mi crimen fue vestir de azul al príncipe gris”.-

Bibliografía citada:
- BEADOUX, V.; D’ADAMO, O. y SLAVINSKY, Gabriel (2005): Comunicación Política y Campañas Electorales. Barcelona, Gedisa, ISBN: 84-9784-111-5. 286 páginas.
- BOBBIO, Norberto (1986): “El futuro de la democracia”. El futuro de la democracia, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 1º edición en español, ISBN: 968-16-2250. Pp.13-31.
- HALIMI, Serge (1999): “Asesores políticos sin fronteras”. Buenos Aires, Le Monde Diplomatique, año1, nº 3, septiembre, Pp.1, 8-10. Traducción: Yanina Guthmann.

(*) Licenciado en Ciencia Política, vocal titular de la Asociación Argentina de Derecho Político

 
 




 
 
 
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