1- Entre los sinónimos de
hegemonía, encontramos: supremacía,
predominio, superioridad, preponderancia, preeminencia,
dominación, ascendencia, dominio.
2- L. Gruppi destaca que hegemonía procede
de las palabras griegas: 1- eghesthai, que significaba
conducir; ser guía;
ser jefe; tener la dirección
suprema; e indicaba el poder absoluto que
tenían los egemoni o jefes militares; y 2-
eghemoneno -como verbo-, significaba guiar;
preceder; conducir; por
derivación tendríamos estar
al frente, comandar, gobernar.
3- Hegemonía, señala, M. Thwaites
Rey, habría sido utilizada por el movimiento
comunista internacional de finales del siglo XIX,
refiriendo a la lucha revolucionaria estratégica
del movimiento obrero que buscaba sumar a campesinos
y distintos estratos sociales subalternos.
4- Entre 1890 y 1917 -enseña Perry Anderson-
los socialdemócratas rusos usaban la consigna
gegemoniya para dar cuenta de la necesidad de una
guerra política entre la clase obrera rusa
y la estructura zarista. También Lenin habría
empleado el término con el propósito
de orientar las estrategias políticas hacia
una alianza de clases.
5- Con Antonio Gramsci, clásico de la teoría
política del siglo XX, hegemonía cobró
impulso teórico y estratégico, expresando
relaciones de dominación a partir de un entramado
complejo de fuerzas políticas, sociales y
culturales.
6- La tipología acuñada por Giovanni
Sartori sobre sistemas de partidos políticos,
caracteriza al hegemónico por: -la obstrucción
de la competencia política; -colocar en segundo
plano a los demás partidos; -impedir la alternancia
y la rotación en el poder; -ausencia de sanciones
que comprometan al partido hegemónico a actuar
responsablemente.
Usos del término
Algunos usos extendidos del término hegemonía
son:
1- En el concierto de relaciones interestatales
es propio hablar de potencias hegemónicas
cuando explicamos el mundo bipolar característico
de la Guerra Fría (EE.UU. - URSS).
2- Asimismo, tras el final de la Guerra Fría,
observamos que el mundo viró hacia el actual
contexto internacional, con una potencia hegemónica:
los Estados Unidos.
3- En el plano de las ideas y postulados acerca
del rol del Estado, la política y los imperativos
del mercado, la ideología hegemónica
es el neoliberalismo o pensamiento único
(v. gr. políticas del Consenso de Washington).
4- Coincidentemente, la aldea global
presenta conflictos sociales y choques culturales
que se inscriben en la contradicción entre
una cultura hegemónica (el individualismo
competitivo del capitalismo globalizado); y las
manifestaciones multiculturales o los particularismos
militantes que emergen desde las raíces
nacionales (v. gr. Jóvenes en Francia y
Chile; los Sin Tierra en Brasil, Evo Morales en
Bolivia, entre otros).
Argentinidad hegemónica
Argentinidad surge de lo cultural
-tradiciones, modos de vida, costumbres, creencias,
representaciones y símbolos que configuran
nuestra identidad. Si la hegemonía opera
sobre las fuerzas políticas, sociales y
culturales que se manifiestan en la sociedad civil,
entonces los interrogantes ¿por qué
estamos como estamos? o ¿por qué
aceptamos democracias autoritarias? Encontrarían
dos líneas de respuestas que nos remiten
a:
1- Los ismos gobernantes, consagrados
por la voluntad popular, Menemismo, Duhaldismo,
Kirchnerismo, con posiciones hegemónicas
puestas de manifiesto en el manejo discrecional
del poder (por vía de la coparticipación
federal, reformas al Consejo de la Magistratura;
ley que reglamenta el control del Congreso con
respecto a los decretos de necesidad y urgencia;
reformas a la ley de administración financiera
del Estado); duplicación de la representación
política (Senadores por la Provincia de
Buenos Aires); obturación del sistema de
partidos políticos; relación selectiva
con los medios de comunicación e imposición
de temas en la agenda pública; cooptación
de gobernadores e intendentes de la oposición.
2- La sociedad civil y su fertilidad para que
echen raíces proyectos hegemónicos,
cuya consistencia radica en legitimar en elecciones
periódicas, propias de la democracia «electoralista»,
los rasgos autoritarios característicos
del Poder Ejecutivo, y a un mismo tiempo, conlleva
la gravedad de sustraer toda huella de la «República».
Hacia una buena política
La acumulación de poder no descansa. ¿Qué
hacer frente a ello? Hay que imaginar, crear,
y sacrificarse en la construcción de una
posición alternativa para reparar la República.
Generar una renovación genuina de la dirigencia
política, fortalecer la acción transformadora
desde partidos políticos populares, fuertemente
institucionalizados, y con identidad nacional.
Imagino a Sabattini, Lebensohn o Illia, -la argentinidad
más pura-, con sus conductas ejemplares
y la claridad de sus ideales, advirtiendo al poder:
¡No pasarán! acá estamos los
hombres de pensamiento y acción radical
custodiando la República contra cualquier
avasallamiento de sus principios. Así abrirían
un camino de lucha y esperanza por las razones
que enaltecen y justifican la vocación
política, por una buena política.
Entonces, ante la frágil imagen de funcionarios
«opositores» seducidos por el poder
central -clave de la hegemonía-, ¿por
qué no inspirarnos en aquellos grandes
hombres habiendo tanto por hacer? Solo depende
de la libertad con que ejercemos nuestra ciudadanía
contra toda pretensión hegemónica.
(*) Licenciado en Ciencia Política
-Doctorando en Ciencia Política - Centro
de Estudios Avanzados UNC
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