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DEBATES
Claves de la hegemonía
MIGUEL ANGEL DUARTE (*)
1- Entre los sinónimos de hegemonía, encontramos: supremacía, predominio, superioridad, preponderancia, preeminencia, dominación, ascendencia, dominio.
2- L. Gruppi destaca que hegemonía procede de las palabras griegas: 1- eghesthai, que significaba ‘conducir’; ‘ser guía’; ‘ser jefe’; tener la ‘dirección suprema’; e indicaba el poder absoluto que tenían los egemoni o jefes militares; y 2- eghemoneno -como verbo-, significaba ‘guiar’; ‘preceder’; ‘conducir’; por derivación tendríamos ‘estar al frente’, ‘comandar’, ‘gobernar’.
3- Hegemonía, señala, M. Thwaites Rey, habría sido utilizada por el movimiento comunista internacional de finales del siglo XIX, refiriendo a la lucha revolucionaria estratégica del movimiento obrero que buscaba sumar a campesinos y distintos estratos sociales subalternos.
4- Entre 1890 y 1917 -enseña Perry Anderson- los socialdemócratas rusos usaban la consigna gegemoniya para dar cuenta de la necesidad de una guerra política entre la clase obrera rusa y la estructura zarista. También Lenin habría empleado el término con el propósito de orientar las estrategias políticas hacia una alianza de clases.
5- Con Antonio Gramsci, clásico de la teoría política del siglo XX, hegemonía cobró impulso teórico y estratégico, expresando relaciones de dominación a partir de un entramado complejo de fuerzas políticas, sociales y culturales.
6- La tipología acuñada por Giovanni Sartori sobre sistemas de partidos políticos, caracteriza al hegemónico por: -la obstrucción de la competencia política; -colocar en segundo plano a los demás partidos; -impedir la alternancia y la rotación en el poder; -ausencia de sanciones que comprometan al partido hegemónico a actuar responsablemente.

Usos del término

Algunos usos extendidos del término hegemonía son:
1- En el concierto de relaciones interestatales es propio hablar de potencias hegemónicas cuando explicamos el mundo bipolar característico de la Guerra Fría (EE.UU. - URSS).
2- Asimismo, tras el final de la Guerra Fría, observamos que el mundo viró hacia el actual contexto internacional, con una potencia hegemónica: los Estados Unidos.
3- En el plano de las ideas y postulados acerca del rol del Estado, la política y los imperativos del mercado, la ideología hegemónica es el neoliberalismo o ‘pensamiento único’ (v. gr. políticas del Consenso de Washington).
4- Coincidentemente, la “aldea global” presenta conflictos sociales y choques culturales que se inscriben en la contradicción entre una cultura hegemónica (el individualismo competitivo del capitalismo globalizado); y las manifestaciones multiculturales o los particularismos militantes que emergen desde las raíces nacionales (v. gr. Jóvenes en Francia y Chile; los Sin Tierra en Brasil, Evo Morales en Bolivia, entre otros).

Argentinidad hegemónica

‘Argentinidad’ surge de lo cultural -tradiciones, modos de vida, costumbres, creencias, representaciones y símbolos que configuran nuestra identidad. Si la hegemonía opera sobre las fuerzas políticas, sociales y culturales que se manifiestan en la sociedad civil, entonces los interrogantes ¿por qué estamos como estamos? o ¿por qué aceptamos democracias autoritarias? Encontrarían dos líneas de respuestas que nos remiten a:
1- Los ‘ismos’ gobernantes, consagrados por la voluntad popular, Menemismo, Duhaldismo, Kirchnerismo, con posiciones hegemónicas puestas de manifiesto en el manejo discrecional del poder (por vía de la coparticipación federal, reformas al Consejo de la Magistratura; ley que reglamenta el control del Congreso con respecto a los decretos de necesidad y urgencia; reformas a la ley de administración financiera del Estado); duplicación de la representación política (Senadores por la Provincia de Buenos Aires); obturación del sistema de partidos políticos; relación selectiva con los medios de comunicación e imposición de temas en la agenda pública; cooptación de gobernadores e intendentes de la oposición.
2- La sociedad civil y su fertilidad para que echen raíces proyectos hegemónicos, cuya consistencia radica en legitimar en elecciones periódicas, propias de la democracia «electoralista», los rasgos autoritarios característicos del Poder Ejecutivo, y a un mismo tiempo, conlleva la gravedad de sustraer toda huella de la «República».

Hacia una buena política

La acumulación de poder no descansa. ¿Qué hacer frente a ello? Hay que imaginar, crear, y sacrificarse en la construcción de una posición alternativa para reparar la República. Generar una renovación genuina de la dirigencia política, fortalecer la acción transformadora desde partidos políticos populares, fuertemente institucionalizados, y con identidad nacional.
Imagino a Sabattini, Lebensohn o Illia, -la argentinidad más pura-, con sus conductas ejemplares y la claridad de sus ideales, advirtiendo al poder: ¡No pasarán! acá estamos los hombres de pensamiento y acción radical custodiando la República contra cualquier avasallamiento de sus principios. Así abrirían un camino de lucha y esperanza por las razones que enaltecen y justifican la vocación política, por una buena política. Entonces, ante la frágil imagen de funcionarios «opositores» seducidos por el poder central -clave de la hegemonía-, ¿por qué no inspirarnos en aquellos grandes hombres habiendo tanto por hacer? Solo depende de la libertad con que ejercemos nuestra ciudadanía contra toda pretensión hegemónica.

(*) Licenciado en Ciencia Política -Doctorando en Ciencia Política - Centro de Estudios Avanzados UNC

 
 




 
 
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