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| | | Unión Cívica Radical:
¿un partido fuerte? |  | | Miguel
Angel Duarte (*) | |  |
El debate sobre el futuro de los partidos políticos
encuentra distintas posiciones. Con la crisis de 2001/2002 se pusieron de manifiesto
alternativas a las funciones políticas y de representación de intereses
ciudadanos a través de ONGs; asambleas barriales; centros vecinales; movimientos
sociales; sin embargo, por su naturaleza social, no lograron suplantar a los partidos.
Las elecciones del año 2003, y sucesivas, lo demuestran. Paralelamente,
con la protesta ciudadana, creció la inscripción de nuevos partidos
a escala provincial y local. Inspirados en el cambio, abrazaron la «nueva
política» instalada en el imaginario colectivo. Lo nuevo se expresaría
en: a) las formas y métodos de hacer política, b) financiamiento
transparente, c) campañas electorales cortas; d) convicciones firmes y
cumplimiento de promesas, e) dirigentes y equipos técnicos. Aportando cierta
renovación dirigencial, por debilidad institucionalidad no escaparon a
rasgos negativos de «vieja política» que pretendían
suplantar. Las carencias políticas, orgánicas y de gestión
del Frente Nuevo en Córdoba lo demuestran. El sistema de partidos cambió,
mutó, o desapareció en el orden nacional. Da cuenta de ello la tendencia
hegemónica del kirchnerismo -característica del peronismo, v.gr.
liderazgos de Perón, Menem y Duhalde. Idénticamente se comportan
las expresiones locales con De la Sota y Juez en constantes luchas agonales por
conducir Córdoba. En contraste, sin alternativas orgánicas a
los partidos políticos, éstos deben afirmar su importancia como
instituciones de derecho público y fortalecer sus funciones políticas
canalizando conflictos sociales, resolviendo la sucesión política,
proveyendo previsibilidad política, regulando la participación y
diseñando políticas públicas. Es necesario el debate entre
quienes sostienen que los partidos son fuertes por su capital político
-gobernadores, legisladores, intendentes, concejales, cargos, fuentes de financiamiento,
redes clientelares, y exposición mediática. El caso de la UCR, principal
partido argentino de oposición, demuestra lo contrario, con ese capital
es un partido débil. Y, por otra parte, quienes sostienen que los partidos
son fuertes por ideas, historia, proyección programática, capacidad
de lucha, y capital humano -dirigentes y militantes dignos, con carácter,
firmes en convicciones, éticos en sus conductas. El Radicalismo tiene mucho
capital humano, invisible a la opinión pública, si emerge será
un partido fuerte. El problema de la UCR, no es particular, corresponde al
sistema de partidos políticos argentinos, y necesita resolución
para la buena salud republicana. En efecto, para aportar a la construcción
de ciudadanía, debe vencer a quienes debilitan el partido, toda vez que
lo hacen por posiciones personales, distorsionando los procesos políticos
democráticos, persiguiendo intereses mezquinos, cargos, y «administrar»
dineros públicos. En clave Yrigoyeniana, ellos «van buscando en
figuraciones y desfiguraciones (
) hacer prevalecer sus móviles utilitarios,
variando sus denominaciones partidarias, según las mayores ventajas y oportunidades
para la posesión o participación en los gobiernos». Así,
vemos distintas expresiones: 1- Nuevistas: dicen ser radicales
de- sencantados que encontraron la nueva política manteniendo
sus principios. Falso. Fortalecen el neocaudillismo juecista. 2- Radicales
K que gobiernan: pensando en Argentina apuestan a la concertación
plural, se consideran legitimados para su avanzada. Falso. Administran con debilidad
ética y política, su triunfo es la derrota del radicalismo. 3-
Lavagnistas: dicen que es la única alternativa a Kirchner, y asegura capital
político. Falso. Es funcional a los desvíos K, conduce a la derrota
electoral y a la pérdida de sentido del radicalismo. El sistema político
necesita que la Unión Cívica Radical vuelva a ser un partido fuerte,
de gobierno u oposición. Para ello, debería inspirarse nuevamente
en Alem, Yrigoyen, Sabattini, Lebensohn, Illia, Balbín, y frenar las mediocridades
expuestas por quienes creen «ver el sol» fuera del partido. La
UCR sigue necesitando una renovación profunda, sin ambigüedades, capaz
de construir una alternativa genuina junto a distintos sectores sociales en defensa
de un proyecto nacional, republicano y federal. Si pretende ser un partido moderno,
democrático y popular, ¿por qué no impulsa una dirigente
emergente como Margarita Stolbizer para la presidencia de la nación? ¿Por
qué no surgen nuevos aspirantes a la gobernación o la intendencia
de Córdoba? Concluimos: las opciones del neoperonismo -Kirchner, Lavagna,
Schiaretti, Juez, Giacomino, Campana- debilitan la institucionalidad republicana
y, obviamente, el sistema de partidos políticos. El radicalismo podrá
perder elecciones -lo viene demostrando-, pero debe ganar el respeto y la consideración
pública. Será necesario en el futuro para reparar tantos daños. (*)
Licenciado en Ciencia Política. Doctorado en Ciencia Política.
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