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Jue : 28 Set : 2006
 
 
 
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Unión Cívica Radical: ¿un partido fuerte?
Miguel Angel Duarte (*)
El debate sobre el futuro de los partidos políticos encuentra distintas posiciones. Con la crisis de 2001/2002 se pusieron de manifiesto alternativas a las funciones políticas y de representación de intereses ciudadanos a través de ONGs; asambleas barriales; centros vecinales; movimientos sociales; sin embargo, por su naturaleza social, no lograron suplantar a los partidos. Las elecciones del año 2003, y sucesivas, lo demuestran.
Paralelamente, con la protesta ciudadana, creció la inscripción de nuevos partidos a escala provincial y local. Inspirados en el cambio, abrazaron la «nueva política» instalada en el imaginario colectivo. Lo nuevo se expresaría en: a) las formas y métodos de hacer política, b) financiamiento transparente, c) campañas electorales cortas; d) convicciones firmes y cumplimiento de promesas, e) dirigentes y equipos técnicos. Aportando cierta renovación dirigencial, por debilidad institucionalidad no escaparon a rasgos negativos de «vieja política» que pretendían suplantar. Las carencias políticas, orgánicas y de gestión del Frente Nuevo en Córdoba lo demuestran.
El sistema de partidos cambió, mutó, o desapareció en el orden nacional. Da cuenta de ello la tendencia hegemónica del kirchnerismo -característica del peronismo, v.gr. liderazgos de Perón, Menem y Duhalde. Idénticamente se comportan las expresiones locales con De la Sota y Juez en constantes luchas agonales por conducir Córdoba.
En contraste, sin alternativas orgánicas a los partidos políticos, éstos deben afirmar su importancia como instituciones de derecho público y fortalecer sus funciones políticas canalizando conflictos sociales, resolviendo la sucesión política, proveyendo previsibilidad política, regulando la participación y diseñando políticas públicas.
Es necesario el debate entre quienes sostienen que los partidos son fuertes por su capital político -gobernadores, legisladores, intendentes, concejales, cargos, fuentes de financiamiento, redes clientelares, y exposición mediática. El caso de la UCR, principal partido argentino de oposición, demuestra lo contrario, con ese capital es un partido débil.
Y, por otra parte, quienes sostienen que los partidos son fuertes por ideas, historia, proyección programática, capacidad de lucha, y capital humano -dirigentes y militantes dignos, con carácter, firmes en convicciones, éticos en sus conductas. El Radicalismo tiene mucho capital humano, invisible a la opinión pública, si emerge será un partido fuerte.
El problema de la UCR, no es particular, corresponde al sistema de partidos políticos argentinos, y necesita resolución para la buena salud republicana. En efecto, para aportar a la construcción de ciudadanía, debe vencer a quienes debilitan el partido, toda vez que lo hacen por posiciones personales, distorsionando los procesos políticos democráticos, persiguiendo intereses mezquinos, cargos, y «administrar» dineros públicos.
En clave Yrigoyeniana, ellos «van buscando en figuraciones y desfiguraciones (… ) hacer prevalecer sus móviles utilitarios, variando sus denominaciones partidarias, según las mayores ventajas y oportunidades para la posesión o participación en los gobiernos».
Así, vemos distintas expresiones:
1- ‘Nuevistas’: dicen ser radicales de-
sencantados que encontraron la nueva política ‘manteniendo sus principios’. Falso. Fortalecen el neocaudillismo juecista.
2- Radicales K ‘que gobiernan’: pensando en Argentina apuestan a la concertación plural, se consideran legitimados para su avanzada. Falso. Administran con debilidad ética y política, su triunfo es la derrota del radicalismo.
3- Lavagnistas: dicen que es la única alternativa a Kirchner, y asegura capital político. Falso. Es funcional a los desvíos K, conduce a la derrota electoral y a la pérdida de sentido del radicalismo.
El sistema político necesita que la Unión Cívica Radical vuelva a ser un partido fuerte, de gobierno u oposición. Para ello, debería inspirarse nuevamente en Alem, Yrigoyen, Sabattini, Lebensohn, Illia, Balbín, y frenar las mediocridades expuestas por quienes creen «ver el sol» fuera del partido.
La UCR sigue necesitando una renovación profunda, sin ambigüedades, capaz de construir una alternativa genuina junto a distintos sectores sociales en defensa de un proyecto nacional, republicano y federal. Si pretende ser un partido moderno, democrático y popular, ¿por qué no impulsa una dirigente emergente como Margarita Stolbizer para la presidencia de la nación? ¿Por qué no surgen nuevos aspirantes a la gobernación o la intendencia de Córdoba?
Concluimos: las opciones del neoperonismo -Kirchner, Lavagna, Schiaretti, Juez, Giacomino, Campana- debilitan la institucionalidad republicana y, obviamente, el sistema de partidos políticos. El radicalismo podrá perder elecciones -lo viene demostrando-, pero debe ganar el respeto y la consideración pública. Será necesario en el futuro para reparar tantos daños.


(*) Licenciado en Ciencia Política.
Doctorado en Ciencia Política.




 
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