En la primera semana de febrero de 1997, un periodista aficionado de Córdoba le mandó una carta a Julio Ramos. Una larga carta.
Le contaba la historia inmediata del periodismo de Córdoba, las sucesivas desapariciones de los diarios Córdoba, Los Principios, Tiempo de Córdoba. La efímera vida de La Calle de Córdoba y la fugaz existencia de Córdoba 12.
Y, al final del texto, le proponía fundar un nuevo diario en la Capital provincial.
Eso fue un martes. El viernes, Ramos y el periodista almorzaban en la sede de Ambito Financiero, en la Capital Federal.
Ramos se había interesado vivamente por la idea de hacer un diario en Córdoba. Es probable que en esta seducción mediterránea hayan tenido algo que ver los recuerdos que abrigaba de su niñez en Unquillo y también la condición de cordobesa de Silvana Suárez, su mujer en ese momento.
Pero objetó: “¿Sabe qué pasa? Ahí ya existe un diario importante, casi centenario, y la tendencia mundial que se va consolidando es que en cada ciudad del tamaño de Córdoba, exista un solo diario”.
El periodista fue ganado por un momentáneo desaliento. Pensó que esa frase era el preámbulo de una amable negativa. Es que todavía no conocía a Ramos.
“Por eso me gusta la idea. Es un desafío interesante. Vamos para adelante”, concluyó Ramos.
El 23 de abril, LA MAÑANA de CORDOBA ya estaba en la calle.
LA MAÑANA nació con la marca, la pasión, el estilo, la prosa filosa y a veces desprolija, la garra periodística, el tono picante que le impuso Julio Ramos.
Pasados doce años, aún conserva ese estilo, al que se ha añadido, quizá, la particular psicología de lo cordobés, su ironía y su humor singular.
Para bien o para mal.
O para bien y para mal.
Una fina línea roja marca una continuidad a lo largo de estos años. Un modo de ver el periodismo, un modo de relatar los hechos, un modo de analizar la realidad.
Con un diario exitoso e informativamente imprescindible fundado a fines de los ’70, Julio Ramos no tenía ninguna necesidad de emprender una nueva y complicada aventura periodística a 700 km de su sede central. Pero pudo más su alma de periodista que la fría razón de los cálculos financieros acerca del riesgo empresario.
LA MAÑANA existe porque en Julio Ramos ardía en forma incesante la llama del periodista. Y LA MAÑANA continúa existiendo porque, pese a todos los problemas, hay anunciantes y lectores que la eligen cada día.
En el terreno del periodismo, que se alimenta de la pura cotidianeidad, de la pulsión casi instantánea de los hechos, la tesis de Gardel y Le Pera acerca de que “veinte años no es nada”, suena ridícula.
Para LA MAÑANA, doce años son un montón de tiempo.
Y nos llena de orgullo mirar hacia atrás y saber que, bien o mal, hemos estado relatando la historia de Córdoba con una mirada diferente, agregando información y puntos de vista originales a los que ya existían en esta ciudad.
LA MAÑANA nació de una decisión osada, arriesgada y aventurada, en el sentido romántico que tiene esta palabra. Nació desafiando cualquier cálculo comercial, fruto de la pasión por el periodismo que tenía Don Julio Ramos.
Los que trabajamos aquí tenemos la firme esperanza que, al ver lo que hacemos cada día, Don Julio no pueda decirnos, como alguien dijo: “He sembrado dragones y cosechado pulgas”. |
|
|